Muchas noches pase pensando en cómo fue que las cosas terminaron así: un estafador, un ladrón, una asesina a sueldo, una agente de la INTERPOL, una camarera, una actriz, una anciana adinerada y un guardia de seguridad, todos en el mismo lugar para el mismo evento y una simple pregunta: ¿Por qué?
Por desgracia, esa
respuesta no se encuentra oculta en esta historia, pero es necesario decirlo de
una vez: todo esto no fue casualidad.
Pero tranquilos, no es
necesario saber eso (por ahora) para comprender el desenlace y caída del Le
Sourire de la Fortune.
14 de febrero.
El escenario del teatro
en el ala este del casino estaba preparado para el gran evento: el concierto de
Kite para la recaudación de fondos. Los invitados internacionales estaban
comenzando a llegar, era difícil decirle que no a Beatrice Dupont, por lo que
casi todos los invitados fueron.
Kite se encontraba tras
bambalinas, estaba preparado para lo que estaba por ocurrir, aunque eso no
significaba que no tuviera miedo de eso; sería una situación increíblemente
difícil y peligrosa pero si quería obtener el Lumiere de Paris tendría que
seguir las ordenes de Reza.
Ariana se encontraba en
el restaurante del casino, su presencia no era requerida hasta después, por lo
que podía relajarse mientras tanto, pero algo rondaba la mente de la modelo:
¿Quién era Reza realmente? Era una pregunta que le preocupaba. Sin duda era un
joven increíblemente inteligente y despiadado cuando se trata de su trabajo
pero había algo que no terminaba de cuadrar, esto resultaba extrañamente
entretenido para Ariana quien sonreía con cada teoría loca que cruzaba su
mente.
Julia y Alexandrine
estaban en la habitación de esta última mientras se terminaba de arreglar para
asistir al evento del teatro.
La agente de la INTERPOL
no recibió ninguna respuesta de Reza, por lo que ya no tenía ningún
inconveniente en atrapar al estafador en la escena.
Julia le entregó un audífono
a Alexandrine, era muy pequeño y casi invisible.
—
Con esto podremos hablar y escuchar todo
lo que pase en el teatro. — Explicó Julia. — Yo estaré fuera monitoreando todo
junto a los demás agente que ya se encuentran en los alrededores.
Alexandrine Boudelair se
veía emocionada.
—
¿Algo en lo que deba enfocarme mientras
estoy ahí?
—
Si, encuentra a Beatrice Dupont y a Reza,
cuando lo hagas, no los pierdas de vista. Es fundamental que podamos ver cada
uno de sus movimientos, para eso tendrás que decirnos cuando hagan algo
extraño.
La actriz se veía
impaciente y emocionada, sin duda, esperaba la caída de Reza con este evento.
Elie Blanc se encontraba
sirviendo las copas y atendiendo a los apostadores en el casino como hacía
todos los días, pero su mirada se desvió y se percató de la presencia de Dupont
y Belmont, quienes estaban mirándola fijamente.
La camarera se acercó con
algo de fastidio en su mirada, era obvio que la anciana quería algo de ella y
siempre resultaba molesto al final.
—
¿Necesita algo señora?
—
Si, necesito que atiendas a los invitados
del teatro en el evento de hoy? — Explicó Dupont.
—
¿Por qué yo?
Dupont arqueo las cejas
en señal de fastidio, Belmont lanzó un largo suspiro antes de contestar.
—
Porque yo estaré atendiendo a… otros
clientes, y la señora Dupont no puede quedarse sola.
Belmont se veía realmente
enfadado y cansado, habían sido días muy pesados para el jefe de seguridad.
—
Bien… veré quién me puede remplazar aquí y
voy para allá.
Dupont asintió y se fue
en dirección al teatro mientras Elie lanzaba un largo suspiro lleno de
fastidio.
Finalmente, después de
tantos años desde ese incidente, puedo narrar la verdad de lo que ocurrió en el
caso del Casino Le Sourire de la Fortune.
En su momento, se dijo
que había ocurrido un accidente el cual involucró a grandes figuras de todo el
mundo y esto llevó al cierre del lugar, pero tras investigar esta y otras seis
historias en un lapso de tiempo de 15 años, finalmente puedo narrar la verdad.
Ahora cuento con casi 35
años, cuando escuché del incidente del Le Sourire de la Fortune, tenía 19 y era
un reportero novato. ¿Quién hubiera pensado que un simple periodista sería
capaz de descifrar la verdad de un caso el cual fue sellado por la policía
francesa y por la mismísima INTERPOL?
Así, se levanta el telón
de la historia de Reza Smith y entramos al clímax del incidente del Le Sourire
de la Fortune ese 14 de febrero.
Dieron las seis de la
tarde, el teatro del casino estaba en su máxima capacidad. Gente importante de
todo el mundo se encontraba en el lugar: actores, cantantes, políticos,
personajes con muchísima influencia, todos para el evento de caridad y el
concierto de Kite Starfield.
Alexandrine se encontraba
en una de las entradas viendo todo su entorno, había muchos conocidos para ella
por lo que prefirió no acercarse. De cualquier forma, esto era parte del plan y
simplemente era necesario aguardar a que “todo” iniciara.
—
“Estamos en posición” —
Escuchó Alexandrine desde el auricular que Julia le dio. — “¿Todo bien a
dentro?”
—
Por ahora, — Dijo Alexandrine en voz baja.
— ¿Algo raro afuera?
— “Nada”
— Julia se escuchaba frustrada. — “¿Cómo rayos se realizará una transacción
de 100 personas y cientos de miles?”
Un reflector se prendió y
mostró entre la oscuridad a Beatrice Dupont en su mesa predilecta; ella llevaba
un hermoso vestido de gala oscuro adornado perfectamente con el Lumiere de
Paris en su cuello.
—
Damas y caballeros, — Empezó a hablar la
dueña del casino. — Me complace mucho su presencia en este humilde teatro para
nuestro evento de recaudación de fondos para el cuidado del medio ambiente.
Las personas presentes
comenzaron a aplaudir.
—
Que hoy, siendo 14 de febrero, conocido
coloquialmente como día de San Valentine, nos permita abrir nuestros corazones
a lo que importa: Dejar un mejor futuro para aquellos a quienes amamos.
Julia escuchaba el
discurso de Dupont desde los audífonos, le resultaba enfermizas esas palabras
saliendo de la boca de ella.
De pronto, dos camiones grandes
entraron por el estacionamiento del casino, el cual se encontraba en la parte
trasera. Julia los notó y ordenó que investigaran, era probable que ahí
estuvieran: o el dinero o las personas, de cualquier forma no podía arriesgarse,
si resultaba ser dinero, Dupont podría argumentar que era para el casino y
usaría sus contactos para corroborarlo; debía esperar…
— “Ten
cuidado, Alexandrine”. — Explicó Julia. — “Dos camiones
entraron al casino. ¿Has visto algo raro?”
—
Si… un detalle… — Explicó la actriz
mientras se movía un poco a la entrada a camerinos. — Se supone que este evento
era exclusivo. Yo entré por ser amiga de Beatrice pero aun así hay gente de pie
que no son parte del staff del casino.
Esto era interesante para
Julia, posiblemente esos eran los compradores/vendedores.
— “¿Cuántas
personas vez?”
—
Al menos 10… ¿No es suficiente para que la
INTERPOL entre en acción?
— “Quisiera,
pero no es posible hasta tener algo concreto, sino, Dupont se escapará…”
Julia se cayó unos
instantes.
— “Nunca
te dije que yo era de la INTERPOL…”
Alexandrine sonrió
ligeramente.
— Il semble que l'escroc ait été attrapé —
Dijo Alexandrine antes de quitarse el audífono y destruirlo de un pisotón.
Julia corrió rápidamente
en dirección al casino, había sido engañada por Alexandrine Boudelair. ¿Quién
era esta mujer realmente? ¿Era parte del grupo de Reza o de los compradores/vendedores?
No, no puede tener relación con el casino o los compradores, su objetivo era
que capturara a Reza, ella es alguien ajena a todo esto.
La agente de la INTERPOL
tenía que entrar al teatro, Alexandrine se había convertido en un peligro para
los planes de captura.
Mientras tanto, Beatrice
Dupont seguía dando su discurso.
— No
puedo expresar cuanto agradezco la presencia de gente de gran renombre para
este evento…
Antes de que Dupont
pudiera terminar esta frase, un segundo reflector se prendió, esta vez
alumbrando a Reza “Villeford” quien se encontraba en el escenario.
— Si,
muchas gracias a todos por venir. — Dijo el estafador de una manera
increíblemente teatral. — Que este día sea inolvidable para ustedes.
Dando una exagerada
reverencia, Reza desapareció del escenario y Kite entró acompañado por la
música de una banda que se encontraba en la parte trasera.
Dupont estaba
increíblemente alterada por este suceso, mientras Alexandrine lanzó un leve
silbido.
—
Siempre te gustó hacer una entrada
espectacular, Reza.
Mientras este sucedía, en
la parte trasera del casino, dos camiones entraron y fueron recibidos por
Belmont, este tenía una mirada de cansancio y fastidio, llevaba horas
esperando.
—
Disculpa la tardanza. — Dijo el conductor.
— ha sido un día de locos, tuvimos que venir por una ruta más larga porque
pusieron algunos retenes en el camino.
—
Como sea… — Respondió Belmont tragándose
su enfado.
El celular del jefe de
seguridad del casino vibró, era un mensaje, las cosas se habían salido de
control. Belmont lanzó otro largo suspiro.
—
Abran los camines.
Los conductores abrieron
la parte trasera y dejaron ver que dentro de cada camino había una cantidad
insana de billetes.
—
Muy bien. — Dijo Belmont mientras revisaba
los billetes de un paquete al azar. — Díganles a sus jefes que pueden comenzar
con la operación.
Regresamos con Reza,
quien se encontraba sentado los camerino jugueteando con los productos de
belleza que se encontraban ahí. Entonces, con una sonrisa burlona, el estafador
volteó para ver a Beatrice Dupont, quien acababa de entrar al cuarto.
Si Dupont estaba
enfadada, lo ocultaba muy bien detrás de un rostro serio.
—
Debo decir que me impresionó tu valentía
para hacer eso en el escenario. — Dijo la anciana. — ¿Cómo escapaste de los
calabozos?
Reza encogió los hombros.
—
Soy bueno escapando de lugares, es una
habilidad especial que tengo.
De repente, se comenzaron
a escuchar una gran cantidad de gritos provenientes del teatro.
—
Parece que tu transacción a comenzado. —
Dijo Reza poniéndose de pie.
—
Pareces muy enterado de mis asuntos.
Reza dio una leve
reverencia.
—
Claro, es necesario para llevar a cabo mi
plan. — Dijo Reza. — La INTERPOL creyó que el trato era una trata de personas a
cambio de unos cientos de millones. 100 personas no valen tanto, debía ser otra
cosa. Luego vi que en este teatro caben justamente 100 personas, entonces supe
el detalle de que el casino tienen eventos abiertos para todo el mundo, excepto
el de hoy el cual es para personas importantes y con poder, esos 100 si valen
los cientos de millones.
Tu
plan es tan bello y elegante… juntar a 100 personas de gran poder e influencia
en el mundo para luego venderlos a un grupo criminal y ellos consigan mucho a
cambio de pedir rescate por cada uno de ellos individualmente. Tú simplemente
podrás alegar que este grupo se enteró del evento y se infiltraron sin que tú
lo supieras, aun con la presencia de la INTERPOL.
Dupont simplemente dio
una pequeña reverencia mientras Reza aplaudía.
—
Me complace que un estafador de tu nivel
sepa apreciar las buenas mentes.
—
¡Suficiente de esta estupidez!
De una de las puertas del
camerino apareció Julia Miranda, apuntando con una pistola.
Dupont se veía
sorprendida por la presencia de la mujer pero Reza estaba tranquilo, como si la
hubiera estado esperando.
—
Oh, detective, finalmente aparece. — Dijo
Reza de forma burlona.
—
Soy agente, no detective.
—
Como sea, tienes dos opciones: querer
atraparnos aquí a Dupont y a mi… — Explicó Reza. — o salir y derribar a los 10
hombres que se encuentran tomando de rehenes a 100 de las personas más
poderosas del mundo.
Julia se enfadó porque era
obvio lo que debía hacer.
Sin perder tiempo, la
agente se dirigió a la salida de los camerinos.
—
Cuatro de ellos cuidan las entradas
principales, tres apuntan desde los costados y los que restan… bueno, usted
puedes descubrirlo, detective.
Esta acción hizo que
Dupont se sorprendiera mucho.
—
¿Acaso están locos? Es solo una mujer
contra 10 asesinos despiadados…
Antes de terminar su
frase, se escucharon disparos y de repente, muchos gritos. Kite entró al
camerino un poco pálido.
—
Esa mujer esta muy loca. — Dijo Kite con
una sonrisa. — Derribó a todos los criminales con tiros certeros a la cien, solo
dejó a uno vivo quien confesó de inmediato.
Una de las primeras cosas
que investigué sobre el incidente del Le Sourire de la Fortune fue a Julia
Miranda, antigua detective quien sirvió en la guerra de Irak como
francotiradora, una puntería perfecta y unos nervios de acero a la hora de jalar
el gatillo. Cuando volvió de la guerra, Julia fue reclutada por la INTERPOL
para servir a un nivel internacional, el sentido de justicia de esta mujer fue
lo que la hizo aceptar este trabajo.
Dupont palideció, cayó de
rodillas al ver que su plan había fallado. ¿Había sido suerte? ¿Una estrategia
bien planeada? Pero sobre todo: ¿Quién era ese estafador que con un plan
maestro logró derrotar a Beatrice Dupont?
—
Cuando te atrapé en el calabozo… ¿Tú
querías ser atrapado? — Preguntó Dupont con una expresión de epifanía.
Reza sonrió.
—
Claro, que mejor forma de ejecutar un plan
que dándole falsa creencia de poder al contrincante.
Sin duda, la soberbia de
Beatrice Dupont fue una de las bases para su derrota.
Kite caminó hacia Dupont
y con un tirón, le arrancó el Lumiere de Paris del cuello.
—
No puedo irme sin esto. — Dijo el
muchacho.
—
Bien, es hora de correr, la policía y la
INTERPOL llegaran en cualquier momento. Es mejor que te quedes aquí y finjas
ser una de las víctimas. — Dijo Reza.
—
Que así sea, fue un placer, señor
estafador. — Dijo Kite mientras regresaba al escenario.
Reza salió corriendo en
dirección al estacionamiento, pero Dupont no dejaría que las cosas terminaran
así de fácil.
Cuando el estafador llegó
al lugar, se percató de que Julia Miranda se encontraba ahí.
—
¡Alto ahí, Reza! — Gritó la agente
apuntándole al estafador. — ¡Estás arrestado!
Reza mostró una sonrisa
burlona.
—
¿Bajo que cargo, detective? — Preguntó
Reza con inocencia. — No he cometido ningún crimen. Dupont se encuentra en los
camerinos. Ella si es culpable de muchas cosas.
Era cierto, Reza no había
cometido ningún crimen todavía, no había razón para arrestarlo, ¿o no?
—
Tengo tu confesión desde el momento en que
nos conocimos. — Dijo Julia mientras sacaba su celular y reproducía un audio.
—
“Eso sin duda es mucho dinero, parece ser
que fue buena idea escoger a esta mujer como mi siguiente blanco.” — Era un
audio de la conversación de Reza y Julia el 9 de febrero.
Reza encogió los hombros.
—
Una cosa es admitir un plan para cometer
un crimen y otro es cometerlo, yo no he hecho nada.
—
Tal vez, pero es suficiente para
arrestarte y al investigar tu pasado, podremos encontrar todos los crímenes que
has cometido, incluyendo el robo de la herencia del abuelo de Alexandrine.
Reza río al escuchar esto
último.
—
Oh, detective, esperaba más de ti.
Alexandrine Boudelair es una estafadora al igual que yo. — Explicó Reza. — Ha
robado, mentido y engañado para conseguir dinero y fortuna. Ella no era nieta
del anciano, ella solo está enfadada conmigo porque le gané en esa estafa en
noviembre. Si no me crees, explícame algo: ¿Por qué solo hay un camino con el
dinero cuando debían ser dos?
Era cierto, solo había un
camino en el estacionamiento.
—
Así que es verdad lo que creía, gracias
por confirmarlo, Reza. — La agente no parecía haber perdido la compostura ante
esta información, esto preocupó un poco al estafador. — Ahora tengo tu
confesión del crimen de noviembre y una causa para arrestar a Alexandrine
Boudelair.
Julia guardó el celular y
de su bolsillo trasero sacó una grabadora la cual estaba prendida. Reza mostró
genuina sorpresa al ver este astuto movimiento de la agente de la INTERPOL.
—
Vaya, parece que te subestimé. — Dijo Reza
alzando las manos en señal de rendición. — No esperaba que usaras esa clase de
tretas.
—
A veces hay que usar las tácticas de tu
enemigo para lograr algo bueno. — Julia volvió a guardar la grabadora, todo
esto lo hizo sin dejar de apuntar a Reza con su pistola. — Ahora, al suelo.
Estás arrestado.
Se escuchó unos aplausos desde
la entrada del estacionamiento, era Beatrice Dupont.
—
Y yo que pensaba que tendría que matar al
maldito estafador… — Dijo la anciana con una sonrisa macabra. — Me ahorró mucha
tortura para él, agente.
La mira de la pistola de
Julia alternaba entre Reza y Dupont.
—
No seas tan engreída, Dupont. — Dijo
Julia. — Tú también estás arrestada, por crímenes mucho peores que los de Reza.
—
No lo creo, querida. — Respondió Dupont
con burla en su voz. — Aún tengo dos cartas bajo la manga.
De atrás del camión que
estaba en el estacionamiento, salió Belmont con gran velocidad. Julia reaccionó
rápido, pero no tanto como para vencer la velocidad del jefe de seguridad del
casino.
Con rápidos movimientos,
Belmont desarmó a Julia y la sometió en el suelo.
—
¡Maldito! — Gritó Julia. Estaba tan
enfadada que mostró en su totalidad su acento texano mientras hablaba en
inglés.
Belmont sacó unas esposas
de la chaqueta de la agente y la esposó en el suelo. Luego tomó el celular y la
grabadora de la detective.
—
¡Eso no te servirá de nada! — Gritó Julia.
— ¡Solo tengo grabaciones de Reza, no de tu jefa!
Belmont tomó otro par de
esposas que tenía la agente y se acercó a su jefa.
—
Buen trabajo, Belmont. — Dijo Dupont con
aire de alegría en su voz. — Hay que escapar lo más rápido posible…
Antes de terminar la
frase, Belmont sometió a Dupont y, al igual que a Julia, la esposó en el suelo.
—
¡¿Qué demonios estás haciendo?!
—
Toma, imbécil. — Dijo Belmont mientras le
lanzaba tanto el celular y la grabadora a Reza. — La próxima vez, no vuelvas a
ser tan idiota frente a mujeres lindas.
—
Lo siento, lo siento… — Dijo el estafador
son una sonrisa infantil mientras tiraba los dos aparatos al suelo después de
sacarle las memorias y romperlas a pisotones. — La subestimé.
Dupont y Julia se veían
increíblemente sorprendidas por esta situación.
—
Es… ¡¿Belmont es tu cómplice?! — Preguntó con
sorpresa la agente al ver esta interacción.
—
Por favor, — Belmont se veía enfadado. —
Jamás sería cómplice de un cabeza hueca como Reza.
—
Exacto. — Río el estafado al pasar su
brazo sobre el hombro del “jefe de seguridad”. — Él es mi socio en el crimen y
mi mejor amigo.
Belmont “Roux”, sin duda
alguna, uno de los estafadores más importante de nuestra época (junto con
Reza). Mejores amigos desde “siempre”. Todas las estafas de Reza se realizaban
con al menos una persona involucrada: esa persona era Belmont.
Puedo asegurar que en el
incidente del edificio Chrysler en año nuevo, Belmont era la persona extraña
que acosaba a Angélica.
Reza caminaba de manera
infantil hacia el camino para manejarlo mientras Belmont se dirigía al asiento
del copiloto sobándose la parte trasera del cuello.
—
Este trabajo me dejó muerto… — Se quejó
Belmont. — Me iré de vacaciones.
—
Lo se… — Dijo Reza al subirse al camión. —
Yo iré a ver a mi querido hijo. Por cierto, detective, no intente buscar
pruebas de nosotros o Alexandrine en las cámaras, Belmont las desactivó gracias
a que es el “jefe de seguridad”.
Reza comenzó a manejar y
junto con Belmont y el camión lleno de dinero, dejaron el edificio.
Julia y Dupont se
quedaron solas. La primera se sentía impotente por haber sido derrotada por
Reza y porque él fue quien realmente capturó a Beatrice y sacó a la luz la
oscuridad del Le Sourire de la Fortune.
—
Esto no se quedará así… — Dijo Dupont con
ira que se podía ver en su mirada. — ¡Ve tras ellos y mátalos!
De la oscuridad del
estacionamiento, una motocicleta se prendió y con gran velocidad, salió del
edificio con la intención de matar a Reza y a Belmont.
Julia no pudo ver quién
era esa persona.
Tanto Reza como Belmont
manejaba con cierta calma por las calles de París. Su último objetivo era salir
de la ciudad al cruzar el Sena sin ser vistos por nadie, por suerte, Belmont
cambió la matrícula del camión el cual era un modelo increíblemente común y ya
era de noche. Sería muy difícil que la policía pudiera dar con ellos.
—
Auch… — Reza se quejó mientras manejaba. —
Todavía me duele la golpiza… ¿Enserio tenías que ser tan duro conmigo?
—
No te quejes. — Dijo Belmont mientras
prendía un cigarrillo. — No era necesario que le dijeras a Dupont cuál era
nuestro objetivo, tenía que callarte y romperte la cara fue la única idea que
se me ocurrió.
—
Era necesario… — Dijo Reza con fastidio. —
Necesitaba que me atrapara y darle todo el control para que se confiara y
bajara sus defensas. Se confió tanto que aunque le di el nombre de Julia, no
hizo nada contra ella.
Belmont no dijo nada, era
cierto.
Entonces, se escuchó un
disparo. Esto sorprendió a los chicos en el camión. Al ver por el retrovisor, y
a pesar de que ya eran las ocho de la noche, se percataron de una motocicleta
que iba a toda velocidad detrás de ellos y quien la manejaba era la mesera del
casino: Eliette Blanc.
—
¡¿Qué rayos?! — Reza se sorprendió
increíblemente por esta situación.
—
Así que ella es la matona de Dupont. —
Dijo Belmont con genuina sorpresa. — Siempre la consideré algo lenta y
aburrida…
—
Cuando me contaste lo del asesinato del
agente, sabía que debía haber alguien que hiciera el trabajo sucio. Obviamente
no eras tú, pero no esperé que fuera ella. — Reza comenzó a manejar más rápido
y un poco más furtivamente.
—
¿Podremos escapar de ella?
—
¿En un camión lleno de dinero? No. — Dijo
Reza sin dejar de sonreír. — Pero descuida, esto ya lo tenía contemplado.
De una de las calles
alternas por las que iban manejando Reza y Elie, apareció otra motocicleta,
esta iba manejada por Ariana, quien llevaba un casco para ocultar su identidad.
La modelo/asesina se
acercó a Elie lo suficiente como para darle un cuchillazo en el brazo. Esto la
hizo caer del vehículo.
Los chicos vieron esta
rápida escena desde los retrovisores. De pronto, el celular de Reza comenzó a
vibrar. Belmont lo tomó y revisó el mensaje que le había llegado.
—
Es Ariana, pregunta si debe matarla.
Reza recordó ciertas
frases que Elie le dijo en el casino: “simplemente debo seguir órdenes y
ya" y "me da para vivir"
El estafador le pidió a
Belmont que llamara a Ariana.
—
“Por favor, dale el teléfono a Elie,
quiero decirle algo”. — Dijo Reza cuando Ariana contestó.
La asesina se sintió algo
preocupada por esto, pero decidió aceptar la petición de Reza.
Ariana se acercó a Elie
quien se veía lastimada pero en buenas condiciones. La camarera del casino se
puso en guardia al ver a la motociclista acercándose pero vio que esta le
ofrecía un celular por lo que acepto. Elie era una persona muy simple.
—
¿Bueno? — Contestó Elie tras tomar el
celular.
—
Dupont te mandó tras nosotros,
¿verdad? — Preguntó Reza.
—
Así es.
— Ya
no es necesario que sigas sus órdenes. Ella será arrestada y en unas horas,
asesinada.
Hubo un silencio largo
entre los dos.
—
¿Qué se supone que haga ahora? — Preguntó
Elie. — Casi toda mi vida estuve detrás de Beatrice Dupont, siempre la odié, pero
gracias a ella pude seguir viviendo.
Reza sonrió.
— Ese
sentimiento de desconcierto y desesperación se le conoce como “libertad”.
Puedes hacer lo que tu quieras de ahora en adelante. Para bien o para mal, es
momento de que siguas tu propio camino porque Dupont ya no estará para
ayudarte.
Elie cerró los ojos y
sonrió ligeramente.
— que
la fortune vous sourie — Dijo Elie.
— Merci.
— Respondió Reza antes de cortar la llamada.

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