El años nuevo había
terminado, pero eso no significaba que la fiesta debía acabar. Ese era uno de
los lemas en muchas ciudades del mundo y Nueva York no era la excepción.
La noche del 01 de enero de ese año nuevo sería recordada por dos sucesos: la gran fiesta que había en las calles aun cuando el evento principal había sido la noche anterior. La segunda razón por la que la gente y, sobre todo, los medios de comunicación no olvidaron esa noche del primer día del año fue por el extraño suceso ocurrido en el edificio Chrysler.
Una fiesta de gran
elegancia se estaba llevando a cabo, los invitados eran personas de toda clase
de negocios de alto nivel: abogados, presidentes de industrias de todo tipo,
inversores, etc. Aunque parecía reunión de negocios, muchos estaban en esa
fiesta para divertirse y pasarlo bien. Sin embargo, un invitado estaba en la
peor situación de su vida, el miedo que había en su mirada era enorme, un
terror que seguramente no la había dejado dormir en los últimos días.
Las personas que
asistieron cuentan que la mujer: Angélica Duglass, una elegante y hermosa mujer
de 32 años, era la personificación del terror mismo.
La hermosa mujer de
cabello castaño corto miraba por la ventana desde el piso 50, era una vista
espectacular y las calles seguían teniendo vida y ánimos por el año nuevo;
Realmente Angélica quería poder compartir esa emoción con el resto de las
personas pero no era posible.
Como publicista
profesional, la dama se había ganado grandes aliados y poderosos enemigos
durante su carrera. Muchas de sus estrategias consistían en atacar a la
competencia, llevando a algunos de estos a desaparecer. Sin duda, esto sería un
motivo para que la persiguieran, porque en una entrevista algunos meses
después, Angélica dijo que los días anteriores a esa fiesta, se sentía
perseguida.
Aparentemente todo
comenzó una semana antes de navidad. Angélica caminaba por la calle y, por
poco, una maceta le cae en la cabeza. Esto puso ser accidental o cosa del
viento, pero ella siempre dijo que vio una extraña sombra ocultarse rápidamente
cuando ella volteó a ver de dónde se había caído la maceta; un segundo
incidente ocurrió el día después de navidad. En su oficina en un tercer piso,
una piedra atravesó la ventana, ya que Angélica se había levantado para tomar
café la piedra no le pegó, pues la ventana estaba justo detrás de la silla de
su escritorio.
Un último incidente, y el
más grave, había ocurrido la mañana antes de año nuevo. Angélica iba manejando
en una calle sin vehículos cuando de pronto, un carro sale de una esquina y por
poco se impacta contra ella. Esto pudo ser un accidente pero la mujer cuenta
que pudo ver al conductor antes de que este acelerara a toda velocidad para
huir. Era un hombre blanco quien usaba sombrero, cubrebocas y guantes,
posiblemente para ocultar su apariencia física, pero Angélica jamás olvidará
esa mirada, una mirada llena de odio y deseos de hacer daño. Fue ahí cuando la
mujer sintió que su vida realmente corría peligro.
La razón por la que fue a
esa fiesta era porque pensaba que con tanta gente, estaría a salvo, pero eso no
cambiaba el hecho de que el miedo seguía en su interior y este la estada
destruyendo por dentro.
En algún momento de la
noche, Angélica fue al baño. Estaba sentada en uno de los escusados, con mucho
miedo. No se escuchaba nada de la fiesta, el lugar estaba construido para que
realmente fuera un área de relajación, pero eso no ayudaba a que la mujer se
sintiera en calma.
Cuando Angélica abrió la
puerta del cubículo, dio un horrible grito de desesperación y miedo al ver el
espejo: había un mensaje escrito en pintura roja:
“No
pasarás de esta noche, Angélica”
¿Cómo era posible eso? El
lugar era un completo sepulcro, no se escuchó nada. ¿Cómo lograron pintar eso
en el tiempo en que Angélica estaba en el cubículo del baño? Eran muchas dudas
que ella no quería responder.
La mujer salió corriendo
del baño a gran velocidad. Cuando volvió a la fiesta, gritó con todas sus
fuerza.
—
¡Por favor! ¡Alguien ayúdeme! ¡Me están
persiguiendo!
Todos los invitados de la
fiesta voltearon a ver a la mujer con sorpresa. Algunos se acercaron para
ofrecerle agua o alcohol para calmarla.
La mujer lo rechazó y
pidió que la siguieran al baño para que vieran lo que había en el espejo, pero
cuando volvieron a entrar, Angélica quedó impactada al ver que el mensaje ya no
estaba más.
Cabe destacar que desde
que Angélica salió del baño y volvió con el resto de las personas, no pasó más
de un minuto, era imposible borrar un mensaje así y no dejar rastro de él en
tan poco tiempo.
Las personas de la fiesta
sintieron entre compasión y pena por Angélica. Incluso ella pensaba que se
estaba volviendo loca.
Como pudo, se disculpó
con la gente de la fiesta y volvió a donde se encontraba, viendo la ciudad de
noche y lo alegre que seguía por el año nuevo lograba que se sintiera un poco
más en calma.
—
Disculpe, — Se acercó un mesero a la
mujer. — ¿Desea tomar una copa de vino? Para tranquilizarse…
Angélica describió a este
mesero como un muchacho de unos 20 a 25 años, era hermoso. Moreno y de cabello
blanco con unos hermosos ojos grises y un par de aretes blancos. Era de medio
oriente, no había duda de eso, pero su acento británico la hizo sorprenderse un
poco.
—
Gra… gracias…
Angélica tomó la copa y
bebió de ella.
El camarero se veía algo
preocupado, como si quisiera decir algo. La mujer lo notó enseguida, por lo que
le dijo que hablara.
—
Bueno, verá… — Dijo el joven con algo de
miedo. — Es que me preocupa un poco su forma de actuar… no lo del baño, desde
que llegó. Se ve que tiene mucho miedo y eso puede que la esté afectando de
más.
La mujer escuchó este
comentario de preocupación del camarero, esto la hizo reír un poco. Que un
simple camarero se preocupe por ella… sin duda, se sentía patética.
—
Me han pasado muchas cosas estos días.
Siento que alguien me persigue y no puedo hacer nada para evitarlo.
Angélica le explicó al
camarero los extraños incidentes que había sufrido los días anteriores, el
joven escuchaba con gran atención y cuidado, incluso llegó un momento en donde
parecía que estaba genuinamente preocupado.
—
¿Alguna vez le ha hecho mal a alguien? —
Preguntó el camarero después de escuchar la historia de Angélica. — Tal vez sea
alguien que busca venganza.
—
Soy una publicista y muchas veces atacó a
la competencia para promocionar mis productos. Pero no parece que sea
suficiente como para querer matarme.
—
Las personas han matado a otro por mucho
menos…
Angélica se sorprendió al
escuchar esto. El tono de voz del camarero era triste, muy triste, como si
supiera de lo que hablaba.
Hablar con ese joven
había ayudado a Angélica a tranquilizarse, se sentía un poco mejor después de
contarle lo que le ocurrió.
El camarero se quedó
pensando unos instantes, entonces tomó un papel de su bolsillo y con una pluma
anotó una dirección.
—
Puede que esto sea raro, pero tal vez haya
una solución para su predicamento. En esta dirección hay un hombre el cual se
encarga de solucionar problemas. Los costos son caros, pero sin duda, será
capaz de descubrir quien la persigue y detenerlo… por cualquier medio
necesario…
Angélica tomó el papel
que le dio el camarero. Sentía algo de duda e intriga tras escuchar esa
explicación, pero estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de salir de este
apuro.
—
¿Crees… que esta persona esté disponible
en este momento?
—
Siempre está disponible. Si va ahora, le
ayudará. — Dijo el camarero.
Con decisión, Angélica se
levantó de su asiento y se dirigió a uno de los elevadores para ir de inmediato
con este hombre.
Mientras bajaba por el
elevador, Angélica miraba con mucho interés la dirección, no era un lugar
agradable, pero sintió una gran sinceridad en ese camarero, además, la
desesperación de las personas puede llegar a ser algo que los haga creer en
cosas que normalmente no sería lógicas de creer.
Pero todo se dio para que
Angélica creyera en ese joven que la escuchó y calmó.
Angélica pensó en tomar
un taxi e ir de inmediato a la dirección que le dieron, pero justo cuando salió
del edificio y caminó un poco para buscar un vehículo, una persona encapuchada
se le acercó y discretamente la abrazó.
—
Si gritas, te mato, perra.
Angélica quedó paralizada
por el terror. La voz de ese hombre encapuchado fue lo suficientemente sombría
como para impedirle moverse. Pero antes de que algo más pudiera pasar, el
camarero saltó sobre el hombre encapuchado para derribarlo. Este se levantó de
inmediato y salió corriendo.
—
¡¿Se encuentra bien?! — Preguntó el
camarero quien se veía realmente asustado por la situación.
—
Es… estoy bien… — Angélica estaba a punto
de llorar. — pero… ¿Qué haces aquí?
—
Tuve un presentimiento, por lo que decidí
venir para acompañarla a ver al hombre que le recomendé, creo que fue la
decisión correcta.
Angélica se sintió
realmente agradecida.
Sin decir mucho más, los
dos tomaron un taxi y después de cruzar diferentes calles congestionadas las
cuales les tomó muchísimo tiempo recorrer, llegaron a la dirección.
Era un barrio de clase
media baja, pero eso no le importaba a Angélica, quería que las cosas
terminaran de una vez por todas y si debía tener contacto con alguien peligroso
para eso, que así fuera.
Angélica y el camarero
entraron en un edificio de unos cuatro pisos. El lugar en donde se encontraba
la persona que podría ayudarlos estaba en el tercer piso. Entre más avanzaba,
más ansiosa se ponía la publicista, pero era demasiado tarde como para
retractarse ahora.
Finalmente llegaron al
departamento de la persona que los ayudaría.
Tras tocar la puerta, una
voz grabe les gritó “entren”.
Angélica se sintió
asustada, pero lo hizo.
Cuando la publicista y el
camarero entraron a ese lugar, vieron un hogar arreglado, pero con poca
iluminación. En un sillón de la sala había un hombre fumando. Debía tener unos
30 años, tenía el cabello negro corto, usaba unos lentes que ocultaban unos
ojos cansados, además de llevar una ropa simple: playera negra y pantalón de
mezclilla.
—
¿Qué quieren?
Angélica se acercó y
comenzó a explicar todo su predicamento. Lo que había pasado desde los días de
navidad hasta lo que ocurrió esa noche. El hombre parecía prestar una gran
atención a los detalles mientras que el camarero se veía un poco ansioso por
estar en esa situación.
—
Entiendo. — Dijo el hombre después de
fumar un poco tras escuchar la explicación de Angélica. — Parece ser que tienes
a un perseguidor muy activo. Después de lo que hizo, será fácil encontrarlo y
deshacerse de él, pero te costará caro.
—
Estoy dispuesta a pagar… — Dijo Angélica
con todo el valor que tenía, lo que fuera necesario para terminar con esa
pesadilla.
—
Mi precio es de 200,000 dólares
americanos.
Era una cifra grande,
pero por algo Angélica era la mejor publicista de la ciudad y había trabajado
con las más grandes empresas del mundo. Era una cantidad considerable, pero estaba
dispuesta a pagar.
—
Pagaré.
Angélica llevaba consigo
cheques en blanco, era algo que siempre llevaba encima, por cualquier
necesidad.
Tras firmar el cheque por
200,000 dólares, el hombre dijo:
—
Muy bien, comenzaré a buscar a su hombre
de inmediato, pero no haré… “lo necesario”, hasta cobrar el cheque y ver que
tenga fondos. Por ahora le recomiendo que vaya a su casa y mañana a primera
hora deje la ciudad por una semana, luego regrese y ya no tendrá a ningún
perseguidor.
El camarero había estado
callado, pero al escuchar esto último se sintió algo preocupado.
—
¿Qué garantía hay de que realmente hagas
lo que dices?
El hombre se sintió
enfadado por ese comentario.
—
Ustedes fueron quienes vinieron aquí, yo
nos los llamé. Si no me creen capaz de arreglar su situación, ¡Váyanse de aquí!
—
¡No! Confiaré… — Dijo Angélica con miedo
en su voz.
Tras decir esto, Angélica
y el camarero dejaron el apartamento y salieron a la calle para esperar un
taxi.
—
Muchas gracias por toda tu ayuda… eh…
Angélica se dio cuenta de
que no había preguntado el nombre del camarero.
—
Reza, — Dijo este. — Mi nombre es Reza.
—
Muchas gracias, Reza. Espero que todo se
solucione.
Angélica tomó un taxi
para ir a su apartamento dejando a Reza solo.
Al día siguiente, la
publicista fue al aeropuerto para salir del estado y quedarse unos días con un
familiar de Washington.
Después de una semana,
Angélica regresó a Nueva York y no volvió a tener problemas con ese extraño
sujeto. Parecía ser que el hombre que contrató se había hecho cargo de la
situación. Todo parecía haber salido bien al final.
Esta fue la historia que Angélica
Duglass me contó hace varios años, el extraño incidente que terminó
“aparentemente bien”.
Como periodista, debo
confesar que se me hizo interesante y curiosa la historia, aunque algo
perturbadora pues prácticamente ella me confesó que le pagó a alguien para matar
a una persona, pero en su historia algo me llamó la atención, un detalle que
por el miedo que sintió en ese instante no noto: Cuando ella y Reza llegaron al
departamento del asesino a sueldo, este les dijo “entren”.
¿Cómo sabía que eran más
de una persona?
Este detalle me llevó a
investigar lo sucedido en el edificio Chrysler.
Llegué al lugar donde se
había realizado esa fiesta hace un par de meses al momento de la entrevista con
Angélica. Entré al baño y me pregunté: De no ser delirio por el miedo ¿Cómo
pudo alguien escribir un mensaje en el espejo sin que Angélica lo escuchara y
cómo logró limpiarlo tan rápido cuando ella salió a pedir ayuda?
Me tomó tiempo pero
encontré algo interesante. Bajo el lavamanos frente al espejo, había una placa
de plástico el cual se escuchaba hueco. Con aprobación del encargado del
edificio, pude retirar esta barrera y encontré algo increíble: Oculto bajo el
lavamanos del baño, había un espejo que tenía la frase: “No pasarás de esta
noche, Angélica”.
Logré teorizar que la persona
misteriosa se ocultó en el baño de mujeres, dentro de esta barrera de plástico
bajo el lavamanos, por ello, cuando Angelica entró, este misterioso personaje
levantó el vidrio por una franja que había entre la pared y el lavamanos para
que fuera este espejo el que se viera cuando Angélica saliera del cubículo.
Cuando ella salió corriendo y gritando, simplemente bajó el vidrio con el
mensaje para dejar el vidrio normal a la vista.
Esto sería una buena
explicación de cómo logró hacer ese truco el hombre que perseguía a Angélica de
no ser porque esto fue un detalle muy inteligente.
Investigué más y descubrí
que durante la fiesta, un letrero de “fuera de servicio” estaba puesto en el
baño de mujeres. Justo en el momento en que Angélica estaba dentro, cuando ella
salió y regresó, el letrero ya no estaba.
Solo hay una explicación
para esto: eran dos personas los que planearon esto.
Entre más me involucraba
en esta historia, más llegaba a la verdad: jamás hubo un intento de asesinato,
todo fue un plan para sacarle a Angélica 200,000 dólares. Esto fue el plan de
uno de los más grandes estafadores de la historia: Reza Smith.
Se necesitaba asustar a
Angélica para que el día de la fiesta, la cual ya había confirmado semanas
antes su asistencia, tuviera miedo de hasta su propia sombra. Un cómplice fue
el que “intentó” dañar a Angélica, siempre fallando pues no querían matarla,
querían asustarla.
Hubo un pequeño error en
su misión pues durante el último atentado antes de la fiesta, Angélica vio los
ojos del cómplice, esto era peligroso.
Durante la fiesta en el
edificio Chrysler, Angélica tuvo el susto de muerte que necesitaban para que
Reza se le acercara como un simple, inocente y amable camarero, este logró
conectar con ella para que confiara, lo cual fue fácil pues Angélica estaba
muerta de miedo. Por eso, cuando ella recibe la dirección del asesino a sueldo,
no dudó en confiar, estaba desesperada. Lo que terminó de convencer a la
publicista fue cuando Reza la “salvó” del perseguidor misterioso quien
seguramente había escapado del baño de mujeres después del truco con los
espejos.
Puedo deducir también que
el asesino a sueldo era igualmente el hombre que perseguía a Angélica. Como el
taxi de ella y Reza tuvo que cruzar por calles muy congestionadas, el cómplice
pudo recorrer la distancia en menos tiempo, seguramente con una motocicleta o
bici normal. También puedo decir que la habitación estaba a oscuras y usaba
lentes mientras tenía una mirada caída para ocultar los ojos que ella había
visto en el incidente del auto.
Mucho de esto era
suposición, pero terminé de confirmarlo cuando pude entrevistarme con Reza
algún tiempo después de que inicié mi investigación.
Reza Smith, después de
algunos años, puedo decir que lo admiraba muchísimo. Por eso quería seguirle la
pista y encontrarlo, y con el tiempo, me di cuenta de que no era el único, pero
ya llegaré a eso con el tiempo.
Después de descubrir su
existencia por Angélica, investigue sucesos de este tipo y, no fue sorpresa que
mi siguiente expedición me llevó a investigar los extraños sucesos que
ocurrieron durante la fiesta de san Valentine en el Gran Casino francés: Le
sourire de la Fortune. Un lugar lleno de lujuria, azar y un oscuro secreto.

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