Para saber un poco más del gran estafador y maestro en el arte de la mentira: Reza “Smith” (El apellido cambia constantemente, pero el nombre siempre es el mismo), debemos hablar un poco de su pasado.
Me costó mucho trabajo
encontrar esta información, la mayoría la obtuve cuando por fin pude acercarme
a él durante el incidente de Toronto por lo que, tal vez, sea mejor tomar esta
información con algo de escepticismo.
Reza nació y vivió gran
parte de su infancia y adolescencia en Turquía. Una guerrilla en este
territorio le arrebató a su familia y lo obligó a vivir en las calles
sobreviviendo por cualquier medio posible. Su infancia fue de todo, menos
infantil.
Cuando cumplió 14 años,
embarazó a una chica y tuvieron un hijo. Esto hizo que Reza decidiera huir de
Turquía con su hijo y su novia, esto los llevó a Inglaterra. La chica tenía un
familiar en este país por lo que fue fácil para estos tres turcos conseguir una
vida relativamente estable.
Cuando Reza alcanzó la
mayoría de edad, decidió comenzar a ganar dinero estafando a la gente de las
calles de Londres. Engaño a muchos con juegos de azar y tretas comunes de
chantaje; y aunque muchas veces fue atrapado y encarcelado, Reza mejoró y
pronto las calles de Londres fueron poco para este gran estafador.
Viajar de ciudad en
ciudad del mundo se volvió un día más de trabajo para él, prácticamente todo su
dinero iba dirigido a dos cuentas bancarías: la de su hijo y la de la familia
de su ex -novia.
Cabe mencionar que tanto
su ex y su hijo fueron parte importante en varios casos sin resolver en donde
Reza se involucró, pero no en este el cual voy a narrar.
Antes que nada, una
aclaración: Reza nunca se consideró un héroe, a él siempre le desagradó ayudar
a las personas, pero por alguna u otra razón, sus actos siempre terminaban
ayudando a una o varias personas, eso fue por lo que jamás compartí con la
policía la información que obtuve sobre él. La comparto ahora pues han pasado
varios años y estas historias ya no podrán hacerle daño a nadie.
Se que como periodista,
esto puede resultar algo conflictivo, pero a fin de cuentas soy humano. Cuando
comencé a armar el rompecabezas del caso de Angélica y seguí los pasos de Reza
hasta Paris, me di cuenta de lo increíblemente exacto que fue el estafador al
llegar a ese lugar, en ese momento, justo para ese evento: todo fue alineado
perfectamente para que pasara lo que pasó y viera el extraño patrón accidental
de buenos actos del estafador.
09 de febrero, Paris.
La verdad no tengo idea
de que hizo Reza en ese mes y ocho días desde el incidente del edificio
Chrysler, pero finalmente encontré algo de luz al dirigirme a Paris tras leer
algunas noticias del extraño incidente del Le Sourire de la fortune.
Le Sourire de la fortune,
el casino más grande de Paris durante esa época. Era visitada por gente
importante de todo el mundo: actores y actrices, políticos, cantantes, etc.
Todos los días se podía ver a alguien así dentro del casino, y ahora, Reza se
encontraba frente a la entrada del gran edificio de seis pisos con ventanas de
una vista tapizando sus paredes le dieron la bienvenida al gran estafador.
Reza jamás se enteró del
incidente ocurrido unos días antes. En los periódicos se hablaba de un hombre
quien saltó desde la azotea durante la noche en que hubo un apagón en toda la
ciudad y cayó sobre un automóvil, el tiempo logró que la verdad saliera a la
luz sobre ese asunto, pero me estoy adelantando un poco.
Cuando Reza entró al
hotel, la recepcionista contó que resaltaba mucho. Llevaba un traje elegante,
de sacó y pantalón blanco con camisa negra y unos lentes negros; de hecho, la
recepcionista me dijo que parecía muy engreído con esa apariencia y actitud.
Con una sonrisa, la recepcionista
lo saludó.
—
Bienvenido al Le Sourire de la Fortune. —
Dijo la mujer. — ¿En qué puedo ayudarlo?
—
Hola, quisiera una habitación, me
hospedaré una semana. — Dijo Reza en francés con un acento británico. Le daba
cierto carisma.
La recepcionista registró
a Reza “Villeford” por una semana, pagado por adelantado.
Intenté revisar los
reportes de los huéspedes en esa época, pero tras el incidente, toda esa
información se perdió, por lo que tuve que confiar en la palabra de la
recepcionista.
—
¿Qué me recomienda para mi estadía en el
casino? — Preguntó Reza en tono juguetón.
—
El casino cuenta con muchas actividades y
entretenimientos. — Le dijo la recepcionista a Reza. — Se encuentra el casino
con una cantidad increíblemente alta de juegos de azar, de igual forma tenemos
eventos diarios en el teatro del casino. Hay restaurantes y tiendas o si desea
relajarse, hay un spa.
Reza parecía complacido
con esa información.
Cuando el botones recogió
las maletas del estafador, me contó que llevaba cinco, no muy llenas. Pensó que
solamente llevaba ropa.
Reza fue escoltado a su
habitación, el número 120 en el tercer piso del casino.
No se sabe que hizo
durante las horas que estuvo en su habitación, pero a eso de las seis de la
tarde, Reza salió y se dirigió al restaurante del casino.
Este era un lugar
hermoso: en el segundo piso, con forma de balcones sobre el casino, se podía
ver las mesas de cartas, máquinas tragamonedas, ruletas, etc. Había una banda
que tocaba música que ambientaba tanto a los jugadores como a los que estaban
comiendo en el restaurante del segundo piso.
Nunca he sido conocedor
de la comida fina francesa por lo que no me molestaré en explicar que fue lo
que el estafador pidió, de cualquier forma no tiene importancia para la
historia.
Por fortuna para el lector,
puedo decir que en ese restaurante estaban presentes la mayoría de los
involucrados en el incidente del casino, quiero pensar que Reza los identificó
también con solo verlos.
Reza primero puso su
vista sobre una de las mujeres más hermosas que jamás había visto (palabras de
él), y no era para menos, sus ojos se habían fijado en Ariana Fiore, en esa
época con 21 años de edad. Una modelo americana quien se había hecho famosa
gracias a su increíble belleza y carisma frente a la cámara y detrás de ella.
Era rubia de cabello ligeramente largo el cual terminaba en una tonalidad
rosada, su rasgo más elegante eran sus ojos, llevaba lentes de contacto que le
ponían de color rosado el iris.
Se encontraba sentada en
una mesa revisando su celular mientras tomaba un café. Tenía una mirada
completamente seria, de igual forma estaba ignorando a su alrededor por lo que
jamás notó la mirada de Reza.
Mientras observaba, un
hombre pasó junto a la mesa del estafador: era un hombre alto, de buen ver
quien siempre llevaba lentes. Tenía el cabello azulado ligeramente largo y
recogido en una pequeña coleta. Usaba un traje muy caro.
Este hombre volteó a ver
a Reza con una mirada de enfado, Reza simplemente le mostró una sonrisa
burlona.
Este hombre era Belmont
Roux, 32 años, jefe de seguridad del Le Sourire de la Fortune. Nada pasaba sin
que él se enterara.
Belmont caminó a una mesa
grande en donde se encontraba su jefa: una mujer de 65 años quien seguía
guardando una belleza y elegancia que pocos tenían. Llevaba un cabello corto
plateado muy bien arreglado, pero sus ojos grises guardaban una gran sabiduría
que complementaban su atractivo. Usaba un vestido largo y un hermoso collar de diamantes.
Esta mujer era la dueña del gran casino: Beatrice Dupont.
Belmont le susurró algo a
su jefa en el oído, esta asintió y le dijo al jefe de seguridad que la dejara
pues estaba comiendo con alguien.
Junto a ella se
encontraba un muchacho algo bajo para su edad. Este tenía 16 años pero parecía
de 12. Era un joven a la moda; su cabello castaño tenía un corte juvenil, sus
ojos eran de un hermoso azul aunque resaltaba más sus orejas pues llevaba
muchos pircings encima. Reza no lo conocía en ese momento pero era famoso: una
estrella en acenso, cantante de rock quien había sido contratado por el casino
para presentarse el 14 de febrero. Puede que hoy en día todavía recuerden a la
joven estrella Kite Starfield. (si, tuve que investigar para saber que ese era
realmente su apellido).
Se encontraba cenando
junto con Beatrice, seguramente este era un invitado especial para la anciana
dama.
De repente, Reza sintió
peligro: alguien lo estaba viendo.
El estafador era
inteligente, no quería alertar a su perseguidor por lo que comió en paz
mientras utilizaba todas las superficies reflejantes para poder localizar a la
persona que lo vigilaba, cosa que logró gracias a su copa de vino y un
servilletero muy bien pulido: Era una mujer que se encontraba sentada a unas
cuantas mesas detrás de él. Esta mujer tenía una mirada dura la cual no
resaltaba con sus ojos azules. Tenía el cabello rubio ligeramente largo y un
hermoso vestido blanco el cual no sabía lucir, esta mujer se encontraba fuera
de su habitad natural.
Cuando Reza terminó de
cenar, se levantó y con gran naturalidad se fue caminando de vuelta al ala donde
se encontraban las habitaciones. Al ver esto, la mujer rubia se levantó y lo
siguió.
El pasillo estaba
desierto por lo que la perseguidora sacó una pistola con un silenciador, estaba
preparada para cualquier cosa.
Al girar por una esquina,
vio a Reza esperando, recargado en la pared, con los brazos cruzados.
—
Para ser policía, no eres muy buena
ocultando tus intenciones.
La mujer se sorprendió de
escuchar eso, rápidamente volteó para ver si no había cámaras de seguridad.
—
Tranquila, — Volvió a hablar Reza. — Esta
ala no tiene cámaras de seguridad en los pasillos, solo en los elevadores y en
la entrada que conecta con el casino y el restaurante. Enserio eres una novata
en tu trabajo…
—
Silencio.
La mujer que Reza llamó
policía levantó su arma, apuntándole al rostro.
—
Eres un encanto al querer jugar a la chica
ruda, pero no convences a nadie. Ahora dime ¿Por qué me estas vigilando?
—
Porque tu vigilabas a Beatrice. —
Respondió la mujer sin dejar de apuntar a Reza.
—
Interesante… Parece ser que mi objetivo es
alguien peligroso si la INTERPOL está involucrada.
Esta afirmación de Reza
sorprendió en sobremedida a la mujer con el arma.
—
¡¿Cómo demonios supiste que soy de la
INTERPOL?!
—
Es algo obvio, — Dijo burlonamente Reza. —
Para empezar, tu acento no es francés, eres estadounidense, lo ocultas bien
pero noto tu ligero acento sureño, ¿tal vez Texas?
La mujer no dijo nada,
pero era cierto.
—
El tipo de pistola que usas es del mismo
tipo que el de la INTERPOL. Solo personas adiestradas por una organización
internacional pueden sujetar una pistola sin dudar de la forma en que lo haces,
la policía francesa no está a ese nivel.
Hubo un silencio entré
los dos, finalmente la mujer bajó su arma y la guardó en una bolsa bien oculta
de su vestido.
—
Inteligente decisión. — Dijo Reza. — Si me
seguiste es porque sabes quién soy y qué hago aquí. Ahora responde tú. ¿Quién
eres y qué haces aquí?
La mujer dudo unos
segundo pero finalmente decidió hablar.
—
Me llamo Julia Miranda, como dedujiste,
soy agente de la INTERPOL y estoy aquí para intervenir en un intercambio de
dinero el cual proviene de trata de personas.
Al escuchar esto, Reza
simplemente lanzó un largo silbido.
—
Eso sin duda es mucho dinero, parece ser
que fue buena idea escoger a esta mujer como mi siguiente blanco.
Julia se enfadó mucho al
escuchar a Reza sin mostrar interés en el asunto de la trata de personas.
—
¡¿Solamente te importa el dinero?!
—
Si. — Respondió Reza son dudar un
instante. — ¿Por qué debería importarme un montón de gente que no conozco? No
puedo preocuparme por los problemas de gente que no me interesa, terminaría
matándome si lo hiciera.
La agente de la INTERPOL
sintió asco de hablar con ese criminal.
—
Si lo único que te interesa es el dinero,
entonces hagamos un trato. — Dijo Julia. — Ayúdame a averiguar cuándo y dónde
se llevará acabo la transacción para interceptar el pago que se hará. Tú te
quedarás con el dinero y yo podré atrapar a los malditos que venden a las
personas como si fueran esclavos.
Era obvio que mentía.
Reza sabía perfectamente que ella intentaría capturar tanto a los “chicos
malos” incluyéndolo a él, pero manipular a la gente era uno de sus más grandes
pasatiempos, simplemente la usaría y luego huiría con el dinero al final.
—
Acepto. — Dijo Reza. — Me parece que los
dos saldremos ganando.
Era obvio que mentía.
Julia sabía que para el estafador, mentir era tan natural como respirar, pero
necesitaba su ayuda, debía estar cuatro pasos al frente del criminal para
poderlo atrapar al final.
—
Es un trato, entonces. — Dijo Julia
inclinando ligeramente la cabeza.
Hasta la fecha no logro
entender como fue el juego psicológico que tuvieron estos dos al momento de
hacer este trato, pero puedo asegurarles que las cosas serían aún más
complicadas con la llegada de una sombra del pasado de Reza…

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