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Art of lie PRÓLOGO: La sangre en nuestras manos

 

Un apagón repentino en la ciudad había hecho que la vista nocturna en la ciudad de Paris se viera hermosa. Un despejado cielo permitía ver con gran claridad las estrellas que brillaban con gran intensidad acompañando a una luna que se encontraba casi en su fase llena.

Aun así, no muchas personas eran capaces de apreciarlo pues era tarde; las dos de la mañana en una Paris sin luz podría no ser la mejor experiencia para los ciudadanos o turistas, pero, ese no es el punto de esto.

La oscuridad cubría la ciudad en su totalidad, algo terrible para el hombre de traje y sombrero que corría por su vida. Iba de pasillo en pasillo de ese gran y laberíntico lugar, por la hora y la falta de luz, el hombre se encontró desorientado y perdido y, de manera extraña, terminó en la azotea de ese gran edificio. En el momento en que vio ese hermoso cielo nocturno, sabía que su destino estaba sellado, iba a ser asesinado, pero no podía permitirse morir sin antes compartir la información que logró robar.

No llevaba ningún celular consigo y sus aliados debían estar fuera del edificio…

Y entonces lo recordó…

Con gran rapidez, el hombre sacó un trozo de papel de su chaqueta y una pluma, junto con una bolsa de plástico; las circunstancias que llevaron a este hombre a tener estos objetos en su posesión para un momento tan crítico y conveniente se pueden deber a la voluntad de dios o una increíble casualidad, pero, para esta historia, digamos que fue simplemente “buena fortuna”.

El hombre escribió con rapidez en el papel y metió el mensaje en la bolsa de plástico. Finalmente, el hombre se tragó la bolsa.

La puerta de la azotea se abrió y una figura oculta por la oscuridad se quedó mirando al pobre hombre quien se acercaba poco a poco a la cornisa del gran edificio de seis pisos.

La persona extraña apuntó con una pistola al pobre hombre de traje en la cornisa, pero este ya estaba muriendo, el tragarse la bolsa de plástico hizo que se le atorara en la tráquea, el hombre se estaba asfixiando.

No podía permitir que lo mataran en ese tejado y que la información que tenía jamás llegara a las personas correctas, solo le quedaba una opción, la última, pero necesaria para darle esperanza a las personas que lo releven en esa gran misión.

Un milagro volvió a suceder; las luces volvieron y todo quedó iluminado por el brillo que adornaban al edificio. Esto distrajo al sujeto con la pistola, pero le dio la oportunidad perfecta al hombre de traje para saltar al vacío.

No jugaré a ser dios para saber si el hombre sufrió o no al morir después de saltar de un sexto piso y estrellarse contra un auto estacionado frente al edificio. Solo diré que logró su objetivo, que su cadáver no estuviera a disposición de sus enemigos. Había muchos testigos fuera del brillante edificio como para que los perseguidores del cadáver pudieran intervenir pues muchos ya habían llamado a la policía y a los servicios de emergencia.

No tardaron mucho en llegar y poner orden en la escena de la muerte. La policía hizo las averiguaciones pertinentes y los paramédicos se llevaron el cadáver del hombre de traje a la morgue.

No importa lo que la policía averiguara o no, se les había pagado mucho dinero para hacer de la vista gorda y no reportar lo que había pasado, se cerró el caso como un suicidio.

Sin embargo, las cosas no eran tan simples en la morgue.

El encargado era un conocido del hombre que saltó del edificio; eran lo suficientemente cercanos como para que él supiera la profesión del difunto. Fue un shock cuando lo vio tendido en la mesa de autopsia, pero tenía que hacer su trabajo hasta el final.

La causa de la muerte era obvia: fractura masiva de huesos, daño y perforación en los órganos, cráneo fracturado y cuello roto, este último detalle fue el más importante para el forense pues notó que su tráquea estaba inflamada. Al revisar, descubrió lo que el hombre de traje quería que su amigo en la morgue descubriera: el mensaje secreto, una información valiosa que debía ser llevada a su jefe.

El doctor sacó el papel dentro de la bolsa de plástico que estaba en la tráquea. La leyó pero no entendía nada, de cualquier forma iba a entregarla al jefe de ese pobre hombre quien saltó a su muerte con tal de enviar ese extraño mensaje:

 

. 14 de febrero

Durante el concierto

Le Sourire de la Fortune

Para la INTERPOL

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