Delfina se dio cuenta de que había un reloj de
pared en el primer piso, pero se desilusionó al darse cuenta de que eran las
diez de la noche, quedó desmayada por varias horas tras recibir el cuchillazo.
La chica no sabía qué hacer: podría comenzar su investigación preguntando a gente dentro de la abadía, pero el problema recaía en que no sabía dónde podría dormir. Seguramente las habitaciones del gremio eran únicamente para mercenarios hechos y derechos. Mientras Delfina pensaba, se percató de la presencia de Lucien.
Disculpa ¿Sabes dónde puede haber un hotel? —
preguntó la chica un tanto cansada
— dudo que pueda quedarme, al menos no hasta
completar una prueba de los… grandes mercenarios.
Lucien se quedó mirando a Delfina unos
instantes, su mente estaba trabajando de una manera increíblemente acelerada.
Tras unos segundos volteó y miró fijamente a Fabula Strange, quien estaba
alejándose.
— ¡Fabula! — Gritó Lucien en un tono calmado —
¿Qué habitación puede usar Delfina mientras está aquí?
— Mmm… el H-3 del segundo piso está libre —
respondió Fabula con gran normalidad.
Delfina se sintió ridícula, parecía que le
había pedido a Lucien que preguntara por ella.
— Gra… gracias… — dijo la chica un tanto
apenada, aunque no se notaba tanto.
— De nada. No muchos lo saben pero la razón de
que haya muchos cuartos en la abadía es
para albergar gente en necesidad, no deben ser necesariamente mercenarios del
gremio; eso sí, todos los domingo se pagan 500 escudos por comida. — Explicó
Lucien sonriendo gentilmente a Delfina para hacerla sentir tranquila.
El dinero no era problema para la chica, ahora
necesitaba comenzar a investigar o de lo contrario perdería esa oportunidad que
había logrado obtener.
>>12 de septiembre<<
Pasaron unas cuantas horas y Delfina no logró
obtener nada que valiera la pena. Todo mundo (o al menos aquello que le
brindaban ayuda) le mencionaron que un demonio estaba rondando las diferentes
plazas de Gremier, se acercaba a las personas, pero no parecía ser muy fuerte
porque cuando todos salían corriendo, los guardias acudían y el demonio huía.
Eso es lo que pudo obtener de la gente.
La chica se encontraba a solas en el salón del primer piso, la puerta estaba cerrada y ella era la única afuera. Parecía ser que se turnaban los mercenarios para vigilar desde los campanarios en el tercer piso.
El estómago de la chica sonó, no había comido
nada en todo el día. Era tarde para salir y comprar algo de comer, tendría que
esperar hasta que amaneciera.
— Vaya, que ruidoso es tu estómago…
Delfina se asustó, volteó a la dirección de
donde venía la voz. La chica observó a un muchacho de su edad, usaba un gorro
de tela negra que cubría su cabeza, y a pesar de eso, Delfina sabía que el
chico era rubio, lo sabía porque lo conocía.
— Tú… ¡¿Qué demonios haces aquí?! — Dijo Delfina
con gran enfado en su tono de voz.
— Oh… no seas tan cruel Delfi. — dijo el
muchacho con gorro negro — Después de todo no nos hemos visto en varios meses.
— ¡No me digas Delfi! — se enfadó aún más
Delfina — ¡¿Qué haces aquí?!
— Llegué hace una semana para entrenarme en
combate — dijo el chico — parece que tuviste la misma idea que yo pero, como siempre,
te gané.
Delfina le lanzó una de las sillas del salón al
chico, lastimándolo un poco.
Siendo ella de la familia Holygate, no era
raro que conociera a ese chico: Rock Evans, miembro de la casa Evans de los
seis escudos de protección; siempre compitiendo y siempre terminando con la victoria
de Rock. Por más que lo intentara, Delfina era derrotada o se le adelantaba.
— No, no puede ser que derrotaras a Luis Torres…
— dijo Delfina palideciendo, no quería que Rock la derrotara en eso también.
— Si, esquivé el ataque y pude darle un leve
toque. — presumió Rock — Me enteré de tu lamentable actuación de esta tarde. No
sé por qué quisiste venir a entrenarte. Todo mundo habla maravillas del modo en
que actúas con la sociedad y eres el rostro de la casa Holygate.
Esas palabras golpearon fuerte el orgullo de
ella. “El rostro”, eso no era lo que ella quería. No quería ser la secretaria y
ya, no quería ser vista como la simple chica que ayudaba en cosas secundarias, no
quería que las personas pensaran que era débil y por eso se encargaba de ese
tipo de cosas…
Por eso Delfina detestaba tanto a Rock; desde
niños, siempre había sido capaz de romper en pedazos la máscara de orgullo que
Delfina tenía ante todos; Rock era la única persona que podía traer a Delfina a
la realidad de la manera más dura y, a veces, cruel que existe… eso siempre la
hizo sentir miserable…
— No soy sólo el rostro… — Delfina temblaba de ira.
— soy fuerte… debo ser fuerte… no quiero se menospreciada y quedar detrás de mis
hermanos… y, sobre todo, no quiero que alguien como tú me vea de ese modo. Seré
fuerte, seré independiente y sobre todo, seré necesaria ¡Así que piérdete
imbécil de mierda antes de que pruebe mi fuerza contra tu culo y bolas!
Rock lanzó un suspiro y levantando las manos
en señal de rendición, se fue por las escaleras.
Delfina estaba tan enfadada que no podía
quedarse quieta, no podía creer que Rock Evans estuviera en ese lugar, lo
detestaba con todo su ser y saber que estaban en el mismo edificio la enfurecía
aún más.
— Eh… ¿Delfina?
La chica reaccionó y vio a Lucien, estaba en
las escaleras, pálido y sin saber cómo actuar después de ver esa manera de
comportarse y de hablar de Delfina.
— … ¿Lo viste? — Delfina tenía unos ojos serios.
Lucien había visto esa mirada en alguna misión de mercenario que había hecho,
era una mirada de una persona dispuesta a matar con tal de conservar su secreto.
— Eh… no… no vi ni escuché nada…
Lucien estaba pálido pero Delfina se
tranquilizó un poco mientras lanzaba un largo suspiro.
— Perdón, no quería que nadie viera eso. — Dijo ella
usando todo su autocontrol para actuar lo más natural posible. — Ese idiota me saca
de quicio.
— Parece que… se conocen desde hace tiempo… —
Lucien se veía algo desanimado.
— Mi padre y el suyo eran amigos y nos forzaban
a convivir, pero él siempre ha sido la persona que dice las cosas correctas
para dañarme más…
— Lo siento, pero… debo decirlo, no eres fuerte
físicamente… — Lucien cerró los ojos para no ver la mirada de odio e ira del
rostro de Delfina —…pero por eso estas aquí, por eso él está aquí, para
volverse fuertes ¡Demuéstrale que, aún si él es más fuerte que tú ahora, podrás
superarlo sin problema esforzándote y entrenando!
Lucien abrió los ojos poco a poco, logrando
ver el rostro de Delfina mostrando una genuina expresión de sorpresa, seguida
de una bella sonrisa.
— Gracias Lucien, enserio necesitaba escuchar eso.
Delfina se despidió del joven y fue a su
habitación a descansar, cuando amaneciera, sería un día largo para ella.
………
……
…
Entre las cosas que Delfina traía consigo
había un despertador, el cual sonó a las siete de la mañana.
La chica se levantó rápidamente y se cambió de
ropa. Al salir de su cuarto, ya había algunas personas en el primer piso y al
verlas pudo identificar que en la parte trasera había unos baños y una cocina;
de haberlo sabido antes, no se habría ido a dormir con hambre.
Rápidamente Delfina fue a la cocina; el lugar
tenía algunas estufas, un refrigerador y una alacena, todo grande. Al revisar,
se fijó que había gran cantidad de comida de toda clase. Aunque la cocina jamás
fue una de las habilidades especiales de Delfina, no tenía otra opción más que
prepararse algo.
Al final, la chica cocinó una carne
completamente quemada, la cual tuvo que comérsela, no podía ir y desperdiciar
comida así nada más.
Mientras Delfina “desayunaba”, Lucien se acercó y se sentó junto a ella. Prefirió no hacer ningún comentario de la comida quemada y fue directamente al punto.
— Toma, esto te servirá. — dijo Lucien mientras le
entregaba un pergamino a la chica. Al desenrollarlo, Delfina vio que era un
mapa de Gremier. La ciudadela era gigantesca y tenía muchos caminos confusos.
— Yo ya llevo un año viviendo en Gremier, ya sé
cómo llegar a casi todos los lugares de la ciudad.
— Gracias, será de gran ayuda, más ahora que
saldré a la calle a recolectar información
— dijo la chica mientras intentaba comerse su
carne quemada.
— Mmm… te acompañaría pero por desgracia tengo
misiones del gremio — dijo Lucien un tanto desilusionado.
— Entonces tendré que acompañarte yo, Delfi. —
Rock se sentó en la mesa innecesariamente cerca de la chica — así no estarás sola
cuando te pierdas.
Delfina le lanzó un puñetazo el cual lo
derribó de la silla.
— Preferiría arrancarme los ojos antes que salir
contigo a cualquier lugar. — Dijo Delfina enfadada. — ¡Y no me digas Delfi!
— Aunque sería mejor si sales con alguien que te
enseñe la ciudad… — Lucien se veía algo apenado.
Pues…
Rápidamente, Delfina tomó el brazo de un
muchacho que pasaba junto a ella.
— Él me llevará. No hay problema ¿verdad?
Delfina intimidó a ese chico. Tenía un cabello
azulado increíblemente estilizado, tenía un rostro joven pero varonil y llevaba
ropa muy a la moda.
— Eh… cla… claro… — el chico se veía algo
asustado, más cuando miró a Lucien pidiendo ayuda y él desvió la mirada.
— Él es Hope. — Presentó Lucien al chico
“atrapado” por Delfina — Se está entrenando aquí en St. Tremilion desde hace
seis meses.
— Es un placer… — Hope se tranquilizó y mostró
una actitud calmada pero distante.
Tras desayunar, Delfina y Hope salieron a la
calle. Aunque eran las ocho de la mañana, se veía extrañamente oscuro,
seguramente por todas las nubes negras que cubrían perpetuamente a Gremier.
Caminando un rato, los dos hablaban un poco de
cada uno. Hope no decía su apellido, parecía ser que su familia es de cierto
renombre y no quieren que se sepa que uno de los suyos se entrena para
mercenario. Delfina notó que ese chico era increíblemente apuesto y misterioso…
— ¿Por qué el acto? — preguntó Delfina.
— ¿Qué? — Hope estaba sorprendido por esa pregunta.
— Es obvio que estás ocultando algo, talvez tu manera de ser sea reservada pero identificar a personas que llevan mascaras para ocultar su verdadero ser es mí habilidad especial. — Defina vio unos segundos a Hope, el chico desvió la mirada, no iba a hablar — Puede que al final esté relacionado con el por qué estas entrenando en St. Tremilion. Actúas demasiado misterioso, eso atrae la atención y haces que las personas se acerquen para descifrarte, pero seguramente lo haces para analizarlos tú a ellos. ¿Por qué?
Hope mostró una genuina expresión de sorpresa,
no esperaba que una completa desconocida descifrara tanto de él en menos de una
hora, ella sabía leer a las personas con gran facilidad.
— Mis motivos no son peligrosos ni harán daño a
nadie, es lo único que puedo decir. — Dijo Hope encogiendo los hombros con indiferencia.
— Aceptaré eso. — Respondió Delfina sin darle
más importancia al asunto.
De haber sospechado un poco más, ella se
habría dado cuenta de que Hope mentía en esa última afirmación…
Tras caminar un rato por escaleras y pasillos,
Delfina llegó a una de las tantas plazas que hay en Gremier, ahí parecía que se
encontraba un circo ambulante. Hope le dijo a la chica que escuchó rumores de
que vieron al demonio en esa plaza durante una noche.
En esa plaza había todo tipo de personajes del
circo: payasos, domadores, contorsionistas, trapecistas, etc. Todos practicando
para su siguiente función.
Delfina decidió buscar al maestro de
ceremonia, el hombre se encontraba en una carpa entre toda la caravana de
carretas que se encontraban estacionadas.
— ¿Cómo llegaron todas las carretas a esta parte
de la ciudad? — preguntó Delfina — Para acceder a esa plaza, se debían subir
muchas escaleras las cuales harían imposible que toda la diligencia del circo
pudiera llegar.
— Mira — señaló Hope a un edificio con un enorme
portón — ese edificio es realmente un ascensor. Cada plaza tiene uno para que
los comerciantes o grupos con transportes grandes puedan entrar y moverse
fácilmente por la ciudad.
Delfina quedó impresionada por la alta
tecnología que Gremier tenía, todo gracias a la casa Dulahan.
Cuando decidieron entrar en la carpa del
maestro de ceremonia, vieron que estaba en un escritorio con los ojos negros,
por falta de sueño. Delfina usó su fingida pero efectiva diplomacia para poder
obtener información del demonio.
— ¿Por qué una dama como usted querría buscar a
una criatura tan maligna como esa?
Preguntó el maestro de ceremonia, un hombre
rechoncho de mejillas rojizas y un traje negro algo desgastado y que, sin duda,
era para alguien más delgado.
— Bueno, pertenezco al gremio de St. Tremilion y
ellos han decidido darle caza al demonio. Yo soy la encargada de poner fin a la
criatura oscura — dijo Delfina en un tono formal y tranquilizador. Hope se
molestó por cierto aspecto de lo que dijo Delfina…
— Oh, bendita sea usted y St. Tremilion. — dijo el maestro de ceremonias tomando enérgicamente las manos de la chica — ese demonio estuvo merodeando aquí desde hace algunas noches. La primera vez fue cuando llegamos a Gremier; estábamos preparando todo para realizar nuestro espectáculo pero uno de los payasos me avisó que un muchacho de ojos carmesí se encontraba merodeando y viendo todas nuestras acciones. La noche siguiente, el demonio se acercó intentando atacar a los de la caravana; por suerte mi gente gritó y eso asustó al demonio. Por desgracia, durante las noches, varios de mis empleados han tenido la desgracia de toparse con él en los callejones de la ciudadela, por suerte todos han salido sin daño porque han logrado huir.
Delfina escuchó atentamente la declaración del
maestro de ceremonias, Hope se veía extrañamente frustrado. Finalmente Delfina
sacó el mapa de Gremier y lo puso sobre el escritorio.
— ¿Podría llamar a sus empleados que hayan visto
al demonio y que marquen en que lugares de la ciudad lo vieron? — preguntó
Delfina con un tono serio y de autoridad.
Sin perder tiempo, el maestro de ceremonias
llamó a todos aquellos que se hubieran encontrado con el demonio durante la
noche.
Cuando todos marcaron el lugar en el mapa, se
mostró un área en común. Los empleados jamás lo notaron por la complejidad de
la ciudadela.
— Gracias, St. Tremilion se hará cargo.
Diciendo eso, Delfina salió de la carpa del
maestro de ceremonias y comenzó su retorno a la abadía.
La chica caminaba mientras pensaba
profundamente, Hope miraba con seriedad a Delfina.
— Y dime… — dijo el chico intentando sonar lo más
normal posible — ¿Cómo planeas matar al demonio?
Delfina volteó a ver a Hope con gran
extrañeza.
— ¿Matarlo? Fabula dijo que lo capturara y lo llevara
a St. Tremilion, además no suena que el demonio tenga malas intenciones.
Hope quedó paralizado al escuchar esa
respuesta. Su rostro expresó la pregunta que quería hacer pero no podía.
— Los del circo dijeron que vieron al demonio y
que una vez se acercó, pero nunca dijeron que los atacó directamente,
supusieron que quería atacarlos. — Dijo Delfina encogiendo los hombros — he visto
muchas veces a mi hermano mayor exorcizar demonios pero no todos son malignos.
Muchos escapan del infierno y poseen un cuerpo para tener una vida tranquila.
De ser el caso, él podría entrar en esos casos. Además, sólo he escuchado que
mencionan haberlo visto, no ha habido incidentes o muertes relacionadas, eso se
debe investigar con mayor profundidad. Si es inocente, lo atraparé; pero si al
final resulta ser maligno…
Hope desvió la mirada y sonrió.
— Eres muy lista al racionalizar de ese modo lo que te dijo el maestro de ceremonias, dijo el chico — no muchos lo hacen.
— Es un hábito que tengo. — Delfina detuvo un
momento a Hope — Por cierto, gracias por acompañarme y disculpa por meterte en este
asunto. Rock realmente me saca de quicio y causa que actúe así.
— Oh, entonces Rock logra que muestres quién
eres realmente…
— … haré de cuenta que no dijiste eso. — Dijo Delfina
mostrando una mirada asesina.
Tras volver a la abadía, Delfina se preparó
para ir esa noche a vigilar, con suerte encontraría al demonio. A pesar de ser
una situación complicada a causa del problema que tendría si se enfrenta a un
demonio sin tener ninguna experiencia en combate, ella sentía que su ingenio sería
suficiente para poder sobreponerse a cualquier dificultad.
Comentarios
Publicar un comentario