El
tren avanzaba con cierta calma, todo el vagón estaba bastante tranquilo, más
que nada porque no había muchas
personas, algo no tan curioso, tomando en cuenta que el destino era la ciudadela de Gremier.
Desde la ventana se podían ver distantes árboles con hojas de tonalidad amarillenta y naranja; no era raro ya que esa región se caracterizaba por estar en un otoño eterno. El paraje de árboles de ese estilo, bosques a los cuales el viento mecía, los diferentes laberintos repartidos por toda la pradera llena de pasto de un verde vivo, todo esto llenaba de una extraña tranquilidad a Delfina Holygate.
Su
mirada estaba enfocada en el exterior sin prestar atención al vagón vacío. Sus
ojos, de un verde esmeralda resaltaban mucho, su cabello pelirrojo y largo la hacían verse mayor de lo que realmente era, mostrando una
radiante belleza natural; y no era
extraño que la chica viajara sola,
aunque era la primera vez que iba a Gremier, esa ciudad era caracterizada
por estar llena de mercenarios,
constantes ataques de criaturas o bandidos y mucho crímenes en sus calles,
aunque a Delfina le interesaban los
primeros: los mercenarios, todo por cierto incidente poco más de un mes antes: el día de su
cumpleaños 19 para ser más preciso.
Siendo
una Holygate, Delfina siempre consideró que su lugar en la vida era estar al
servicio de la familia real y ayudar a sus hermanos, pero ¿cómo?
La
chica consideraba que su mejor atributo era su inteligencia y habilidad de
planeación, algo que no estaría del todo herrado ya que Delfina, sin duda,
había demostrado su gran capacidad de pensamiento y de acción, pero ¿cómo
podría aplicarlo?
⸺
¿Ayudar a la casa
Holygate? Pero ya haces mucho por nosotros siendo la representante ante la gente de la región. — fue un
comentario que Taurus Holygate, hermano mayor de Delfina y actual líder de la
casa, le dijo a su hermana cuando ella le pidió un consejo de qué hacer.
⸺
Claro, ni Taurus ni yo somos
lo suficientemente capaces de tratar
temas de la sociedad con la sociedad, nosotros somos más de entrar
en acción contra las bestias o
bandidos que ingresan en el territorio Holygate. — dijo Serpento, el segundo hermano de Delfina.
⸺
… Entonces… ¿Piensan que únicamente soy una cara bonita que
debe de mostrarse frente a la gente
cuando ustedes no puedan? — preguntó
Delfina al interpretar esa respuesta de aquello que dijeron sus hermanos.
⸺
No eres un maniquí. — le dijo Taurus — No eres lo suficientemente fuerte como para entrar
en combates como Serpento o yo.
⸺
Así es hermanita. — agregó Serpento — Nuestra prioridad
siempre será tu seguridad, además eres
muy hábil al tratar con las personas de la región
y ayudarlos con los problemas de la comunidad.
Era
cierto que Delfina no sabía pelear, era cierto que Delfina era un pilar
importante para mantener el orden entre las personas de la región, pero ¿Eso
realmente es suficiente? ¿Al menos lo suficiente para un miembro de la casa
Holygate?
No, no para ella.
Le
tomó tiempo decidir que hacer después de eso. Aunque Delfina pareciera una
chica amable, inteligente y gentil, realmente era bastante caprichosa,
orgullosa y arrogante, sobre todo lo de orgullosa; las palabras de sus hermanos
la dañaron, al menos desde su punto de vista, por lo que tenía que demostrar
que no era únicamente lo que decían que era, quería demostrar que era más de lo
que pensaban y podía llegar a ser mucho más…
Tras
delegar todas sus obligaciones a las personas correctas y dejando una carta de
despedida (y amenaza por si Taurus o Serpento intentaban seguirla), Delfina se
fue de su hogar con la intención de superarse para ser digna de ser una
Holygate…
Eso
nos lleva a su decisión de ir a Gremier, principalmente a la abadía de St.
Tremilion, un gremio de mercenarios donde Delfina descubrió que se entrenaban
personas en este oficio. Siendo una Holygate, sólo podía elegir lo mejor de lo
mejor y St. Tremilion era dirigido por Seraphina Heartgreed.
Delfina se planteaba constantemente durante su viaje en
el tren si tomó la decisión correcta
¿Qué
pasaría si había cometido un gran error? Pero su muy elevado ego callaba esas
voces por una aún más fuerte: “Soy Delfina Holygate, nada es imposible para mí
y conseguiré resaltar y ganar la admiración de todo mundo, así seré digna”.
>>11 de septiembre<<
El
tren finalmente llegó a la estación de la ciudadela de Gremier. A salir del
vagón, lo primero que Delfina pudo observar fue una montaña de edificios los
cuales se alzaban dejando ver un pequeño castillo en la cima de todo,
seguramente el hogar del soberano de Gremier.
La
estación del tren era un simple andén y una caceta por la que Delfina debía
pasar para entrar en la ciudad.
Lo
único que la chica llevaba consigo era una maleta con ropa, papel y pluma para
escribir cartas a sus hermanos en casa, una considerable cantidad de dinero y
un par de pistolas, pertenecientes a su padre, aunque parecían estar dañadas
porque no disparaban.
Al
cruzar la caseta de la estación del tren, a Delfina la recibió unas casas y
edificios de un color café oscuro y unas escaleras de piedra que subían entre
las construcciones. El paisaje otoñal había desaparecido dejando ver un cielo
cubierto de nubes oscuras, parecía que llovería en cualquier momento.
Salía
mucho humo de algunos edificios, Delfina recordó que la ciudadela de Gremier
también era una ciudad industrial, enfocada en el desarrollo de armamento por
parte de la casa Dulahan.
La
chica comenzó a subir por las escaleras
que se encontraba entre edificios. Había muchas farolas eléctricas las cuales iluminaba el camino ya que los edificios eran altos y no permitía
pasar
la poca luz del sol que había. Las escaleras que Delfina
subía eran lo equivalente a una
avenida principal, era de unos cinco metros de ancho y de vez en cuando había
pequeños callejones a los costados del camino que se adentraban a otras zonas
de la ciudad; por su seguridad,
Delfina prefirió quedarse en la escalera principal.
Tras
subir lo equivalente a 15 pisos en
escalera, la chica llegó a una
pequeña plaza en medio de todos los edificios donde parecía que el comercio
prevalecía, muchos puestos ambulantes de comida y armas se colocaban allí,
varias farolas iluminaban el lugar a pesar de ser apenas las cuatro de la tarde.
Con
sutileza, Delfina tomó precauciones extras para evitar que le robaran las cosas
de su maleta. No era una chica desconfiada, pero veía muchas personas
sospechosas, incluso una de esas robó un saco entero de fruta sin que lo
vieran, descartando a Delfina. Ella se acercó al ladrón.
⸺
Si no quieres que te reporte por robar, dime como llegar a la abadía de St. Tremilion.
⸺
El tono de voz de la chica
era sería, algo que sorprendió al ladrón en sobre medida.
⸺
Eh… sube
por las escaleras este… te llevaran a otra plaza, allí esta…
⸺
Gracias. — dijo Delfina
de manera increíblemente cordial y se alejó del
desconcertado ladrón.
Tras
seguir las indicaciones y subir otra cantidad equivalente a 15 pisos de
escalera, Delfina llegó a otra plaza, pero
esta estaba en una de las orillas de
la ciudadela, se podía ver el
horizonte, las vías del tren y el
paraje otoñal a la distancia, pero más importante, la abadía se encontraba en ese
lugar.
La
abadía de St. Tremilion, una antigua iglesia de la vieja religión que ahora
fungía como gremio de mercenarios; una construcción de tres pisos de altura,
con ventanas de vitral sin forma aparente. Estaba hecha de piedra antigua y
oscura, tenía dos campanarios a sus laterales.
Delfina
entró por la gran puerta de madera la cual estaba abierta de par en par; lo
primero que vio la chica fueron varias mesas y sillones que se encontraban en
una enorme sala, en sus paredes había puertas en el primero, segundo y tercer
piso, seguramente habitaciones para los mercenarios que viven en la abadía, sin
embargo, el lugar debía tener al menos 20 personas, una cantidad mínima para el
tamaño de ese lugar.
⸺
Oh, bienvenida a St. Tremilion. — un joven de cabello algo
largo y castaño se acercó a Delfina, tenía el porte de un verdadero príncipe y
una mirada inocente pero segura.
⸺
¿Desea contratar a uno de los mercenarios
para alguna misión?
⸺
No. — dijo Delfina
tajantemente y en voz alta — Soy Delfina Holygate y he venido a entrenarme como mercenaria.
Las
pocas personas dentro de la abadía voltearon a ver a la chica, tenían una
expresión de lástima en sus ojos.
⸺
Eh… bueno… temo decir que no
es tan sencillo con sólo venir
y pedirlo — dijo el joven de porte elegante.
Delfina cerró los ojos y analizó su entorno un segundo.
⸺
Con tan pocos mercenarios me
imagino dos posibilidades: o el gremio es tan horriblemente pésimo que este lugar está en decadencia o el lugar es increíblemente
elitista y solo eligen a lo mejor de lo mejor.
El muchacho se quedó
en silencio un instante.
⸺
¡Deja entrar a la mocosa!
— se escuchó la voz de un hombre
entre la gente del gremio — quiero
ver si tiene los huevos para hacerme frente.
Delfina
sintió esto como una ofensa personal (y lo era), una persona normal lo habría ignorado mientras que ella, con
el ego tan elevado, decidió entrar y encarar al hombre que la había
ofendido.
La
chica se detuvo frente a una mesa donde estaba el hombre mirándola con
molestia. Esta persona tenía el cabello negro, ropa ligera pero el rostro lleno
de cicatrices de todo tipo.
⸺
Así que uno de los seis escudos quiere entrar como mercenario
de St. Tremilion. — dijo el hombre
mientras la miraba con unos ojos retadores.
⸺
Mi valía no se basa en la
casa Holygate — dijo Delfina
sin evitar la pesada mirada del
hombre — yo valgo por mí misma.
El hombre se levantó de la mesa.
Todo
fue tan rápido, Delfina sintió una punzada en el estómago, al voltear, la chica
vio un cuchillo clavado en su vientre, el hombre que estaba frente a ella ahora
se encontraba a sus espaldas.
⸺
Si tu valía no está basada en tu posición
social, — dijo el hombre alejándose
de Delfina — entonces TÚ… NO… VALES… NADA.
Delfina cayó al suelo, al menos tuvo la conciencia para caer de espaldas y que
el cuchillo no se clavara aún más profundo.
………
……
…
Al
abrir sus ojos, Delfina se vio a sí misma en una habitación desconocida para
ella, se levantó rápidamente y revisó su vientre, no había ninguna herida en
ella, tampoco sufría dolor por el cuchillazo que recibió.
⸺ Tranquila ¿Estás mejor? — Delfina volteó y vio al chico castaño de cabello largo que la recibió en la entrada.
Delfina
se tranquilizó, volteó y analizó su entorno: una habitación de piedra oscura,
no muy grande, con una ventana de vitral claro; seguía en la abadía,
seguramente en una de las habitaciones que se encontraban tapizando las pareces
del salón principal.
⸺
Fui derrotada de manera humillante… — Delfina desvió la mirada, estaba enfadada consigo misma por ser tan idiota; claro que sería
derrotada, es un gremio de mercenarios liderados por Seraphina Heartgreed —
Creí que la estrategia de parecer
fuerte resultaría, pero no esperé
que atacasen…
⸺
Normalmente no lo harían — dijo el muchacho — pero Luis Torres, uno de los cuatro grandes
mercenarios de St. Tremilion, es famoso por ser un fanático de las
peleas.
Si querías ser entrenada en este lugar, puede que hayas perdido tu oportunidad…
Delfina se negó
a escuchar esa última parte.
⸺
Iré a hablar con la máxima
autoridad de aquí. — dijo Delfina después de reflexionar unos instantes.
⸺
¿Con Lady Seraphina? No sé si podrás lograr algo, pero,
suerte. — dijo el muchacho un tanto resignado.
⸺
Gracias…
eh… — Delfina se dio cuenta de que no sabía
el nombre del chico.
⸺
Lucien — dijo el muchacho — Lucien Railly.
⸺
Gracias
Lucien, por cierto ¿Tú me curaste?
⸺
No, eso requirió magia muy
poderosa — dijo Lucien — eso es obra
de otro de los cuatro grandes mercenarios.
⸺
Al menos
alguien me tuvo piedad — Delfina se entristeció al decir eso.
⸺
Muchos odian a Luis Torres, por la forma en que le hablaste
ya tienes el renombre de “héroe” y
de “idiota suicida”.
Delfina
no perdió más tiempo y, después de despedirse de Lucien, salió de la
habitación. Estaba en el segundo piso de la abadía.
Según
le dijo Lucien, la oficina de Seraphina se encontraba en el tercer piso, sería
fácilmente reconocible, la chica subió y rápidamente entendió; mientras que
todas las puertas del lugar eran de madera común, la puerta de la oficina de la
líder era más grande, además de ser de un blanco marfil.
Delfina
se detuvo frente a la gran puerta blanca, pensaba con cuidado lo que iba a
decir. Seraphina Heartgreed talvez era la lideresa del gremio de St. Tremilion,
pero ella era una Holygate y sabía cosas de ella que otros, gente normal, ni se
imaginaría…
Al
abrir la puerta, Defina quedó deslumbrada por el blanco de la habitación: el
suelo, las paredes, el techo, todo era de un color blanco. Las ventanas no eran
de vitral, pero si tenían cortinas de encaje, igualmente blanco. Lo único que
tenía color en esa habitación eran dos cosas: un planetario en una cúpula del
techo y un escritorio de color negro donde estaba Seraphina Heartgreed, mirando
a Delfina como si la estuviera esperando.
Difícilmente
se podrá ver a una mujer más hermosa que la poderosa Seraphina Heartgreed; una
despampanante rubia de cabello corto, pero increíblemente estilizado y moderno,
una piel viva a pesar de su pálido color, eso hacía que su maquillaje de ojos y
sus labios de un vivo carmesí resaltaran aún más. Collar, aretes y pulsera de
oro terminaban de darle una elegancia única a esa mujer.
⸺
Veo que hiciste una encantadora escena en el salón de los
mercenarios. — dijo Seraphina antes de tomar de una copa de vino tinto que había en el escritorio.
⸺
Fui arrogante y acepto mi
parte de culpa en eso, pero exijo entrenar
como mercenario de este gremio.
Seraphina
Heartgreed miró a Delfina, sus vivos
ojos azules eran capaces de ver a través de la
chica.
⸺ ¿Por qué estás aquí?
⸺
Quiero entrenar y volverme fuerte para ser útil a la casa Holygate — Delfina entrenó esa
respuesta por horas.
⸺
No, me refiero a: ¿Qué haces “AQUÍ”?
Delfina meditó un
instante su respuesta.
⸺
Usted es la máxima autoridad de aquí.
Seraphina miró a la
chica con ojos llenos de interés.
⸺
Sin duda
eres toda una caja de sorpresas, Velvet…
— dijo Seraphina mientras agachaba la mirada un poco.
⸺
¿Qué?
⸺
Veras,
Luis Torres es la primera prueba
para aquellos de los seis escudos de protección que quieren entrenar en la abadía de St. Tremilion. Al ser una
Holygate, tuviste que ser probada. Normalmente existen dos resultados: o muy
pocos logran esquivar su ataque, lo cual
los vuelve automáticamente jóvenes en entrenamiento de mercenarios. De fallar y
ser heridos de manera mortal, huyen y no vuelven
jamás. Usted, señorita Holygate, acaba de crear una tercera opción: recibió el
ataque y, aun así, quiere ser entrenada aquí. ¿Comprende que los entrenamientos
serán más duros que ese cuchillazo?
⸺
Lo sé, y no me podría importar menos — dijo Delfina con una clara arrogancia — si
sus mercenarios son así de fuertes y brutales entonces escogí el lugar indicado
para entrenarme.
Seraphina
Heartgreed tomó un largo sorbo a su copa de vino
mientras meditaba con los ojos cerrados; al terminar, escribió una nota en un
papel de su escritorio y con una exagerada firma,
se la entregó a Delfina.
⸺
Tendrás una segunda oportunidad. — dijo la líder de St. Tremilion — muéstrales esta nota a los
cuatro grandes mercenarios del gremio, te pondrán
una prueba y si las pasas, serás
entrenada por cada uno, pero si fallas alguna de estas pruebas, tendrás que
renunciar a este gremio.
Delfina leyó rápidamente la nota que le había dado,
decía lo que le acababa de explicar.
⸺
Me parece
bien, no volveré a fallar.
Diciendo
eso, Delfina salió de la oficina de
Seraphina Heartgreed. Cuando cerró la puerta,
la chica lanzó un largo suspiro. Se fijó que Lucien estaba esperándola.
⸺
¿Cómo te fue?
Delfina le enseño la
carta que Seraphina le había escrito.
⸺
Tengo que encontrar a los… cuatro grandes — dijo Delfina
sintiendo un poco de vergüenza de decir ese término.
La
chica vio que Luis Torres seguía sentado en la mesa. Con un extraño deseo de
venganza, Delfina bajo las escaleras rápidamente y se acercó nuevamente a Luis.
⸺
Oh ¿Ya te vas con el rabo entre las piernas?
— dijo Luis con un tono burlón.
Delfina sonrió ligeramente y puso la carta de Seraphina sobre la mesa,
Luis leyó la nota.
⸺
¡¿Qué?! — el hombre con el rostro lleno de cicatrices quiso tomar la carta, pero Delfina la tomó primero.
⸺ Como lees — dijo la chica — no me rendiré tan fácil.
Luis
torres se veía genuinamente enfadado, se levantó de la mesa y comenzó a ir a la
salida de la abadía.
⸺
Bien por ti… — dijo mientras se alejaba — pero no dice nada de que debo ponerte la prueba de inmediato, puede que tarde
años en pensar una prueba para ti.
Delfina
se sentó en la mesa, aunque las cosas serían difíciles con él, la chica se
sentía extrañamente gratificada por esa expresión de enfado de Luis Torres.
⸺
Eso fue divertido.
Delfina
volteó y vio a una mujer, un poco mayor que ella, de cabello castaño, casi
pelirrojo. Era ligeramente fornida pero muy atractiva.
⸺
Me hizo
enojar — respondió Delfina.
⸺
A todos
aquí ha hecho enojar — dijo la
chica — ¿puedo ver lo que le enseñaste?
Delfina tomó la nota
y, sin soltarla, la colocó en la mesa para que la chica lo leyera.
⸺
Oh… eres muy hábil si pudiste convencer a
lady Seraphina de escribir algo así — dijo la chica — soy Fabula Strange, uno de los cuatro grandes.
Al ver lo joven de la chica, era factible que Delfina
dudara.
⸺
Deja me presento más formalmente — dijo Fabula al comprender los pensamientos de la chica — Me volví mercenaria a los 14
años, soy una maestra cazadora, por lo que
te puedo enseñar sobre criaturas y
como derrotarlas. Pregúntale a Lucien, él te dirá.
Si, ya sé que tú y Lucien se volvieron amigos. Obtener
información es parte de mis habilidades especiales.
⸺
Chismear…
⸺
OBTENER INFORMACIÓN. — repitió Fabula — ¿Quieres que te ponga la
prueba de una vez?
⸺
Si me haces el favor — dijo Delfina. Comprendió que debía cuidar
sus palabras estando cerca de ella.
⸺
Bien, pero no seré
compasiva contigo — dijo Fabula —
esta es tu prueba: hace unos días, un
joven con ojos carmesí ha sido visto merodeando por todo Gremier. Sabes lo que significa alguien con ojos carmesí ¿verdad?
⸺
Si,
significa que es un demonio — respondió Delfina.
⸺
Tu misión será atraparlo y traérmelo aquí a la abadía. Te recomiendo que no pierdas tiempo ya que si me impaciento
entonces tendré que decirle a lady Seraphina que fallaste.
Los demonios son seres peligrosos; espíritus malignos del infierno quienes poseen y toman control de formas de vida orgánica para crear caos a el mundo. Delfina había visto a su hermano mayor exorcizar en algunas ocasiones a estos seres, siempre era algo peligroso pero la chica estaba dispuesta a eso. Su miedo a enfrentar un ser así era menor a su coraje y valor para resaltar y demostrar su valía como miembro de los Holygate.
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