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La ley del más fuerte: Capítulo 03: La ley de los muertos

 


El cuerpo de Alfred Wolfbright estaba reposando sobre su cama con los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta, seguramente tras lanzar su último aliento.

Los hermanos, Alone y el sacerdote Daniel se encontraban alrededor de la cama para confirmar que el anciano estuviera muerto; con Alfred Wolfbright cualquier cosa podría pasar…

    Debiste traer a un doctor en lugar de un sacerdote… — dijo André a Juliet mientras sujetaba el brazo de su padre, todavía estaba tibio.

    Permítanme. — Adrian se acercó al cuerpo y revisó el pulso a través del cuello y la muñeca y en efecto, no había latidos.

Alone abrazó a Catherine, la chica se veía consternada pero más tranquila, la muerte de su padre posiblemente le trajo paz mental.

Alone se acercó a Adrian y puso una mano en su hombro, esto extrañó muchísimo a todos los hermanos.

    Es hora de avanzar… — dijo Alone, Adrian simplemente asintió.

    ¿Cuáles fueron los deseos del señor Wolfbright para su cuerpo? — preguntó el sacerdote Daniel.

    No estoy segura. — respondió Juliet. — debo revisar su testamento.

El sacerdote se sorprendió al ver la nariz inflamada del cadáver.

    Fue culpa mía. — dijo Alone tímidamente. — usted había salido de la habitación pero no pude aguantar y golpeé al anciano en el rostro. Me sorprendí al no verlo muerto después de ese puñetazo. Seguramente esas tres almohadas de su cama amortiguaron el golpe…

Adrian quedó sorprendido al escuchar eso último.

    ¿Tres almohadas? En la cama sólo hay dos.

Los hermanos y el sacerdote vieron la cama y ciertamente había sólo dos almohadas.

    Debí equivocarme, — Alone encogió los hombros. — pero si, es mi culpa, perdón.

    Hijo mío, el hombre era… peculiar, pero debemos aprender a soportar pues todos tienen su castigo tarde o temprano. — el sacerdote Daniel parecía creer ciegamente en sus palabras pero los hermanos Wolfbright rieron a carcajadas, todos menos Catherine.

    Es muy ingenuo, aún para ser religioso. — Evan miraba al sacerdote Daniel con aires de superioridad.

Juliet salió de la habitación mientras André volvía a la cocina para seguir bebiendo.

Catherine tomó a Alone de la mano y lo llevó a uno de los cuartos de ese segundo piso.

El chico estaba un poco más relajado ahora que el anciano había muerto pero no podía bajar la guardia, la mansión aún estaba llena de lobos.

Catherine abrió una de las puertas y en ella había un gran piano, como los que se ven en conciertos profesionales, posiblemente mejor a esos.

    Solía tocar el piano cuando mi padre me traía. — Catherine se sentó en el taburete frente al instrumento. Estaba lleno de polvo, nadie debió usarlo en años.

La chica comenzó a juguetear con sus dedos sobre las teclas, el piano seguía sonando bien.

Sin perder más tiempo, Catherine tocó una de sus melodías originales. El sonido recorría toda la mansión de Obsidian Hall, llenando el corazón de los presentes con diversos sentimientos y pensamientos: alegría, indiferencia, tristeza, odio, venganza…

Alone recordaba la melodía, fue la primera que escuchó de ella cuando apenas tenía 15 años, una canción de un tiempo lejano la cual evocaba algo mucho más personal en la pianista.

Un fuerte grito sacó a la chica de su concentración. Alone se preocupó pero su prometida lo calmó.

    Tranquilo, es Juliet. — dijo la chica. — seguramente encontró el testamento y supo cuanto le dejó el anciano: nada.

    ¿Cómo sabes? — Alone se dio cuenta de lo estúpida de su pregunta.

Sin muchas opciones, Alone y Catherine salieron de la habitación y se dirigieron al despacho de Alfred, al otro lado de la mansión en ese piso.

Cuando los chicos llegaron, todos los demás, excepto el sacerdote Daniel, estaban ya allí, viendo desde la puerta las rabietas de la hermana mayor.

Papeles y demás cosas salían volando, a Catherine le causaba algo de gracia.

    ¡No nos dejó nada el anciano! — Dijo Juliet con rabia.

    Casi… — Adrian había tomado el testamento de su padre cuando Juliet lo lanzó por la puerta. Se lo entregó a Catherine quien lo leyó en voz alta:

 

 

Yo, Alfred André wolfbright Grey, en pleno uso de mis facultades mentales, dejo todas mis posesiones las cuales incluye pero no se limita a: mi colección de autos clásico de 1940 a 1970, mis múltiples propiedades a lo largo del país, mi cuenta bancaria y título de presidente a Evan Christopher Wolfbright, mi segundo hijo varón.

La razón de esta decisión es por la inutilidad de mi hijo. Es una gran basura al punto de la lástima.

Todos mis bienes serán suyos a la hora de mi muerte con excepción de una propiedad: Obsidian Hall la cual será en su totalidad para mi tercer hijo: Adrian Alexander Wolfbright.

 

 

Todos quedaron sorprendidos, Evan había heredado los millones de la familia Wolfbright mientras Adrian había obtenido la mansión de Obsidian Hall.

    No puedo creer esto… — Adrian parecía algo confundido. — ¿por qué me dejaría esta mansión?

    El obligarte a culparte por la muerte de tu madre equivale a una mansión en el bosque. — dijo Alone encogiendo los hombros. — Enfermo, pero justo.

Juliet no había parado su destrucción sin control, Evan estaba impactado por la noticia y no se movía, André no paraba de burlarse por la forma de actuar de sus hermanos.

    ¿A ti no te molesta no recibir nada? — pregunto Alone al ver tan tranquilo al hermano mayor.

    Para nada… — André ya estaba muy tomado. — siempre viví a expensas de mi papá… pero sabía que eso no duraría. Por ello, parte del dinero… lo guardaba en una cuanta bancaria separada. Aún sin la herencia tengo millones… pero no se compara al dinero del pequeño Evan. ¡Disfrútalo! Ya no necesitas intentar demostrarle nada a nadie.

Tras decir eso, André bajó las escaleras riendo a carcajadas. Evan simplemente se fue a una de las habitaciones del tercer piso.

    ¡Maldito sea ese anciano! — grito Juliet después de destruir todo en la oficina. — me desquitaré contigo Catherine. Me encargaré de arrastrar tu nombre por los suelos, perra puritana. Eso me dará algo de alegría.

Alone se puso frente a Juliet como advertencia pero la actriz acaricio el rostro del muchacho.

    O talvez te quite al chico, tanto te ha protegido y amado… — Juliet tenía una expresión bella y adorable. — ver tu vida destruida sería mi mayor satisfacción.

    Jamás me enamoraría de una bruja de mierda y pésima actriz. — Alone quitó la mano de Juliet de un manotazo.

La actriz estuvo a punto de lanzar una cachetada pero Catherine le tomó la mano para detenerla y le dio un puñetazo en el rostro.

Juliet gritaba de dolor mientras Catherine se ponía frente a Alone.

    A mi puedes hacerme de todo si eso deseas, acósame o incluso destrúyeme, pero si te atreves a tocar a mi prometido, te mataré.

Adrian dio un paso al frente pues Juliet estaba a punto de atacar de nuevo.

    ¡Suficiente ustedes dos! ¡Esto no se detendrá hasta darte dinero! ¡¿verdad?! — Adrian miró con seriedad a Juliet. — ¡Te entregaré Obsidian Hall a cambio de que dejes a Catherine y a Alone en paz!

Los presentes quedaron sorprendidos al escuchar eso. Antes de alguna protesta de Catherine, Juliet aceptó.

    Al menos podré sacar un par de millones al vender este lugar. Que noble y estúpido de tu parte pequeño Adrian. Esperaré aquí en el despacho para buscar los documentos necesarios para realizar la transferencia de bienes.

Se notaba la idiotez de Juliet al no sabía lo complicado que podría resultar ese tramite pero por lo menos los dejaría tranquilos un rato.

Catherine miró a Adrian sorprendida por ese acto.

    ¿Por qué?

    Mereces alejarte de la oscuridad de esta familia. — dijo Adrian encogiendo los hombros.

Catherine quedó en silencio unos segundos, realmente no esperaba un resultado así.

Sin poder voltear, la chica se alejó. Unos segundos después, se comenzó a escuchar el piano. Era una melodía conocida por muchos.

    As time goes by”… — dijo Adrian para sí mismo. — sin duda es el tipo de melancolía necesaria en esta casa…

    ¿Podemos caminar un rato afuera? — preguntó Alone. — esta casa me da escalofríos, pero tampoco quiero estar solo en el bosque.

Adrian aceptó.

El ambiente comenzaba a sentirse frío, el cielo estaba nublado y estando rodeados por árboles de ese tamaño, resultaba en una situación más tétrica de lo aparente.

Alone estaba algo deprimido, Adrian podía notarlo con gran facilidad.

    Gracias por ayudar a Catherine… — dijo Alone un tanto distante. — con Juliet, me refiero. Has hecho más de lo que yo quisiera haber podido.

    No es nada. He vivido protegiéndola lo mejor posible pero no siempre lo he conseguido. — Ahora Adrian se veía deprimido. — Juliet siempre ha encontrado el modo de hacerle daño, nunca he sabido por qué…

Era una respuesta algo obvia para alguien fuera de esa familia: celos y envidia. Los celos de todos los hermanos entre ellos ha sido el detonante de ese odio, Alfred simplemente orquestó esos sentimientos a una guerra la cual llevó a este funesto resultado para todos.

Alone podía ver el motivo pues su hermano y él eran completamente opuestos a los Wolfbright.

    Mi hermano y yo nos queremos a pesar de tener características que envidiamos del otro, incluso nos apoyamos sin condiciones. Esa envidia produce odio entre ustedes. Si logran superarlo entonces es posible el llevarse bien, tú y Catherine al menos.

Adrian quedó mirando a Alone con sorpresa, nadie le había dicho algo parecido antes. El chico simplemente rio.

No había duda, Adrian y Catherine eran hermanos, incluso reían igual.

    Lo siento, me sorprendieron tus palabras. — Adrian comenzaba a recuperar la calma. — Jamás he tenido muchos amigos, me es raro hablar con la gente de temas así.

    Si ese es el caso y si realmente quieres ser cercano a Catherine, entonces yo seré tu amigo. — Alone sonrió de manera juguetona. — yo tampoco tengo muchos amigos y los pocos que tengo no son de mi edad. Tú y yo tenemos la misma, eso es un buen punto de partida.

Adrian se veía nervioso pero feliz. Realmente era cierto su falta de amistades; pensar en la idea de tener a uno lo emociono.

La mirada de Alone se desvío y algo le llamó la atención.

    Que raro, — dijo. — el túnel tiene los barrotes abajo.

Adrian volteó y era cierto. El túnel, su único medio para salir, estaba cerrado.

    ¿Qué habrá pasado? — Alone se veía extrañado.

    Es una puerta de seguridad la cual se cierra cuando se interrumpe una señal proveniente de la mansión. — explicó Adrian. — Por suerte es temporal, permanecerá cerrada por unas cuantas horas.

    Vaya ¿cómo sabes? — Alone se veía sorprendido.

    Vi algo parecido en un caso hace tiempo. Por eso investigué de ello y al entrar por el túnel la identifiqué. — explicó Adrian.

    ¿Caso?

    Oh, olvidé decirlo. — dijo Adrian. — Soy detective de la policía de Trian.

Un grito desgarrador de mujer se escuchó desde la mansión. Rápidamente Alone y Adrian corrieron de vuelta.

André subía las escaleras de manera torpe cuando vio a los chicos entrar por la puerta principal, en el segundo piso estaba Catherine mirando desde el cuarto del piano, Evan iba bajando las escaleras del tercer piso.

    ¡¿Quién rayos gritó?! ¡Dime que fuiste tú Catherine!

Evan se veía muy asustado pero la chica negó con la cabeza.

Si Catherine estaba bien, entonces sólo había una opción: Juliet.

Adrian y Alone subieron y vieron al sacerdote Daniel persignándose fuera del estudio de Alfred.

Los chicos se asomaron por la puerta y lo vieron: Juliet se encontraba sentada en la silla frente al escritorio, con gran parte del torso desgarrado por un cuchillo que se encontraba en el suelo. La sangre de la mujer había creado un gran charco a su alrededor, una sangre tan carmesí como los labios de la mujer los cuales no perdieron color gracias a su labial, no podía decirse lo mismo de su piel la cual se había vuelto pálida. La cereza del pastel en la escena eran sus ojos, completamente blancos y vacíos, igual que su mente y alma. 


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